
Entre los métodos noéticos, aquellos que nos llevan
al verdadero conocimiento, Platón incluye Eros, el amor. En este caso se hace
referencia al amor por la sabiduría, al interés por el conocimiento, algo de lo
que estamos tan faltos en estos tiempos. Aprovecho pues para meterme al público
en el bolsillo uniendo un sentimiento tan a flor de piel a los 17 años con el
del aprendizaje y les cuento el mito de Eros que tan bien relata el maestro en
su libro El Banquete a través de la boca de Sócrates.
El diálogo nos cuenta una reunión de amigos que
quedan para cenar y comentar el éxito teatral del anfitrión, Agatón. Después de
la cena y relajados por el vino, cada uno de los asistentes da su visión de lo
que consideran el amor, curiosas todas ellas y hermosas también.
Aquí, cómo no, me voy a referir a la versión de
Sócrates. Éste, como buen sabio, espera a que todos hablen y deja para el final
su discurso. Así les cuento yo el mito:
“Se reunieron los dioses del Olimpo celebrar el
nacimiento de Afrodita, la diosa más hermosa, con un banquete. Allí acudieron
los mejores y más guapos, los mejor considerados, o sea, todos menos Penia, la
diosa de la pobreza, quien sólo acudía al final con el fin de recoger los
sobrantes –a veces hago una referencia a Maléfica, el hada mala que no fue
invitada al nacimiento de la princesa Aurora, simples licencias-.
Cuando ésta llegó ya los dioses estaban
desperdigados por los salones y jardines, hartos de néctar, pues entonces aún
no había vino. Entre los que allí dormitaban se encontraba Poros, un dios
hermoso, dios de la abundancia y Penia no pudo evitar fijarse en él, allí
tirado en el jardín. “No me veré en otra”- me invento el pensamiento de Penia.
Y así, la diosa pobre se aprovecha de la situación y se beneficia al bello dios,
unión de la cual nacerá Eros.
Pero, ¿qué puede salir de tal combinación? Eros
salió feo y falto de encanto físico, como su madre; vivía en la indigencia y
vestía harapos. Ninguna diosa podía mostrar deseo por él con tal aspecto. Sin
embargo, Eros era inteligente, valeroso, dispuesto, como su padre. Pero ¿acaso
le damos la ocasión a alguien de aspecto desagradable de descubrir sus virtudes
–les pregunto retóricamente?
A esas alturas ellos ya se han reído mientras me
paseo por la clase contando la historia, poniendo aspecto de Penia mirando a
Poros y poniéndome trascendente al formular la última pregunta. El que más o el
que menos ha tenido algún desengaño amoroso, se siente feo o poco atractivo y
logra identificarse con el infeliz Eros, de bello nombre y alma pero sin éxito
a causa de su aspecto. Su imaginación ha empezado a volar y se alejan de
Platón, así que hay que devolverlos a la clase.
El amor es eso, les digo. Es buscar en el otro lo
que nos falta. Eros busca la belleza que no tiene, completarse, complementarse.
Buscamos en el otro aquello que nos ayuda a ser felices, a ser mejores. Eso es
el amor, repito.
Ya los tengo enamorados, los veo asentir, sonreírse
incluso. Y ahora viene lo difícil, que entiendan que para Platón este mito no
solo ilustra el amor carnal, el deseo, la pareja, sino que es aquel que motiva
al ignorante a buscar la sabiduría que le falta, a superarse, a llegar a la
verdad, al conocimiento en sí que está más allá de las apariencias.
Hermoso, ¿no?
Me encanta!!
ResponderEliminar¡Gracias Sión! Me alegro mucho.
EliminarComo me hubiese gustado tener una profesora como tu y que me contase historias como tu lo haces...
ResponderEliminarEres un amor. Gracias por tus palabras.
EliminarSí, hermoso.
ResponderEliminarUna vez nos dijo una profesora en clase de psicología que, alguien que enseña, es ante todo un actor. Tú lo eres, y buena. Lo celebro. Me declaro un alumno virtual de tu magisterio.
¡Saludos!
Gracias por tu amabilidad Esteban. Hay veces que la tarea de un profesor es la de presentarse ante un público al que tiene que ganarse, traérselo a la trama, enamorarlo. A mí me gusta ese juego y creo que a ellos también.
ResponderEliminar¡Bienvenido alumno virtual! Yo también aprendo mucho de tus consejos.