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miércoles, 7 de octubre de 2009

CÓDIGO DE BARRAS

Redacción LAVOZ.com.ar

El gigante de Internet Google recuerda desde su logo el aniversario de la invención del código de barras, que hoy cumple 57 años.

El código de barras fue creado en 1952 por los inventores Joseph Woodland, Jordin Johanson y Bernard Silver en Estados Unidos. Pero fue recién en 1966 cuando se implementó y comenzó su popularidad.

Los códigos se basan en la representación mediante un conjunto de líneas verticales paralelas de distinto grosor y espacio que en su conjunto contiene una determina información, según explica Wikipedia.

Así, el conjunto de líneas negras permite reconocer rápidamente un artículo que forma parte de una cadena logística y poder realizar inventarios.

Esta es la información que obtenemos al clikear sobre el logo google de hoy. Felicidades pues a este invento. Sin duda, revolucionó el mundo al facilitar notablemente el tratamiento de las mercancias, su clasificación, su transacción, su localización. Un código de barras que, sin embargo, hace pensar en el ser humano como parte de las mercancias a clasificar. En alguna película habré visto eso del código en el cuello. No es nuevo, los judios llevaron su código en el brazo, los presos de algunos países también. Esa manía de clasificar las cosas tampoco es nueva, existe desde el origen de la curiosidad por el saber. Clasificar para simplificar, comprender, estudiar... Pero no es eso lo que se me ocurre cuando veo el código de barras, sino que, aplicado al ser humano, nos convierte en una cosa más (¿acaso somos algo más?), un algo más que clasificar patra estudiar, localizar, pero por el propio hombre. El hombre clasificando al hombre.
Y si en lugar de un código nos insertamos un chip, aún facilitamos más, es cuestión de pasar por caja y apareceran todos nuestros datos. No sé, me sigue dando no sé qué cosificarme. Y como siempre: ¿Quién cosifica al cosificador?

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