Google+ Followers

lunes, 16 de diciembre de 2013

BESOS


Estoy entretenida viendo un programa de televisión. Es un programa en el que todo el mundo se da muchos besos. Besos entre los miembros del jurado, besos entre los concursantes, besos de broma, piquitos, lametones…

El caso es que no sé porqué pero me pareció que ya había demasiados besos y en mi cabeza empezó a sonar una vieja canción que escuchaban mis padres “El beso”, sí, aquella que dice que “la española cuando besa, es que besa de verdad”.
Ya, ya, puede parecer casposo y pasado de moda, pero la canción me llevó a reflexionar sobre el valor de los besos, sobre su significado.
Como muchas otras cosas que han perdido parte de su esencia, el beso se ha convertido en algo mucho más trivial , casi vacío de contenido.
Antes, cuando te presentaban a alguien le dabas la mano. Ahora si la ofreces te agarran de la mano, te atraen  y te plantan dos besos en la cara como si nada.  Pues a mí, la verdad, no me gusta que me bese gente desconocida.
Me encanta darle un beso a mis amigos, a mi familia, a mi marido, a mis hijas, en fin, a la gente que me importa pero no a un señor o a una señora que acabo de conocer.
Los chiquillos se andan besuqueando como si nada y los adolescentes pasan casi del beso para entregarse al sexo explícito.
El beso debería conservar ese algo misterioso. El beso sincero del amigo, el primer beso, que no es un meterte la lengua hasta la tráquea, sino el roce dulce y suave de los labios. El beso de la pasión, el de la entrega; el beso que recorre los cuerpos acariciándolos. El beso del hola y del adiós. El beso robado, ¡ay qué bien saben los besos  robados! ¡Y ese beso en la nuca tan sensual! O ese beso de hermano o de hijo…
Besos, diferentes tipos de besos, besos para ser besados, besos para besar sabiendo lo que das en cada beso.

viernes, 15 de noviembre de 2013

España camisa blanca de mi esperanza -Ana Belén-

e
España duele, ya le dolía a Blas de Otero, el autor de la poesía que canta ana Belén y a tantos otros antes. España duele, no olvida pero no aprende.

Salvados: Entrevista a Arturo Pérez-Reverte

lunes, 11 de noviembre de 2013

CANAL 9

Ya sé, ya sé. Miles de ríos de tinta han corrido en referencia al tema de la televisión valenciana. Aquí hasta nos hemos sentido importantes de tanto salir en los medios.
Vaya por delante mi completa solidaridad y mi pena por aquellos que se han quedado sin trabajo, sobre todo el personal de limpieza, de mantenimiento, los técnicos, los porteros y demás que no salen delante de la cámara, pero que están ahí. 
Lo de Canal 9 tiene miga. En general tienen miga todas las televisiones autonómicas y cómo no, la estatal. Lo que se ha venido a destapar ahora no es sino el secreto a voces que andaba por todas partes pero que nadie se atrevía a confirmar con una declaración formal, con una denuncia en toda regla. 
Todas las televisiones autonómicas son ruinosas; la televisión nacional también lo es, aunque en menor medida, y ha sido un lastre para todos los gobiernos. Se supone que la televisión pública debe existir para garantizar la imparcialidad ante las preferencias e intereses de las televisiones privadas, para convertirse también en valuarte de una televisión de calidad con servicios para el ciudadano. Es lamentable que eso no sea así.
La manipulación informativa y las presiones a los que los periodistas que trabajan en estos medios son sometidos no es algo que se desconozca, y sin embargo, no sé qué pasa en este país que todo nos resbala. El conformismo o más que eso, la dejadez, nos invade. La frase de moda "es lo que hay" y en consecuencia no se debe actuar, para qué intentar buscar soluciones, esto no lo arregla nadie. Este es el clima que se respira en España. 
De Canal 9 fueron despedidos  hace tiempo una serie de profesionales que se atrevieron a plantar cara y por los que nadie de los que se quedaron movió un pelo. Es ahora, cuando una sentencia obliga a la Generalitat Valenciana a readmitir,  se les echa abajo un ERE y el gobierno autonómico decide echar el cerrojo, cuando los periodistas deciden moverse, destaparlo todo, tirar de la manta, como nos gusta decir. Ahora salen indignados ante las cámaras, conceden entrevistas a sus compañeros y denuncian públicamente todos los atropellos, desmanes y hasta delitos que se han cometido dentro del ente.
Y yo me pregunto, ¿los han tenido que echar para que se sintieran responsables?¿Por qué ahora y no antes?¿Por qué no en su momento hicieron piña y fueron todos a una?
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2013/11/06/valencia/1383739577_336876.html
http://www.vertele.com/video-articulo/canal-9-pide-perdon-por-silenciar-el-accidente-del-metro-de-valencia/
Hemos de recordar que no solamente estaba en juego su puesto de trabajo y por lo tanto el sustento de sus familias, además, es que muchos, lamentablemente un alto porcentaje, debían ese puesto de trabajo al enchufismo. 
¿Cómo si no llega a tener una televisión autonómica más trabajadores que tres cadenas nacionales juntas? ¿Qué hacía tanta gente allí metida?
Una vez en la calle, el agradecido se siente traicionado, y ya no le importa largar de más, decir lo que callaba. 
Pero lo más de lo más es lo que pasó el sábado en esta ciudad, Valencia. Miles de ciudadanos se lanzaron a la calle a manifestarse en contra del cierre de Canal 9. Es es natural, claro. Ex trabajadores, familiares y amigos a denunciar el atropello. Bien. Personas que defienden la televisión autonómica porque creen que es necesaria como vehículo de expresión cultural, de lo nuestro, de lo que nos interesa. Bueno. Pero es que allí también estaban los que se han pasado años y años protestando por la mala calidad de la programación, por la manipulación informativa, por el bajo nivel del valenciano, por el excesivo gasto que causaba, por todos los que se metieron a dedo y sin oposición... Y yo me pregunto, ¿esos qué hacían ahí? ¿Acaso quieren que no se cierre para seguir protestando?
No me cuadraba verlos ahí, todos juntos. Y que conste, el cierre de esta televisión no me parece bien por las personas que deja en el paro, ni cómo se ha hecho, así, por cojones, como se suelen hacer las cosas cuando no se tienen argumentos.  Y que ahora viene lo fácil, la vendo, aunque me den cuatro duros y me quito el problema de encima. Y a ser posible que la compre un buen amigo que ya sabemos de qué pie calza para que podamos estar tranquilos. 
La televisión siempre ha sido un medio de propaganda política, de manipulación, ha dado poder, mucho poder. Por eso se pegan por conservarlas, con la mentira de que refleja "lo nuestro". 
Cuatro programas mal hechos, muchas "variettes", concursillos cutres, telediarios sesgados, películas de vaqueros y fútbol, que no falte el deporte rey. 
Lástima los buenos profesionales que allí han trabajado y nos han ofrecido buenos reportajes, como los de Punt2, porque no es que teníamos un canal, había cuatro si no me equivoco: Canal 9, Punt2 (de corte cultural), Canal 9 24h  (todo noticias) y  otro del que no recuerdo el nombre pero donde salían poner películas.
Y no olvidemos tampoco los millones que se gastaron en renovar el logo de todos los canales y el mobiliario.
Y mientras, el presidente Fabra diciendo-¡qué cara!- que tenía que elegir entre sostener Canal 9 o hacer hospitales y escuelas. ¡Será posible! Eso sí, al día siguiente destinó 25 millones para el aeropuerto de Castellón que tiene goteras. 
¡País!

martes, 1 de octubre de 2013

ADIÓS COMPAÑERA.


Hace días que espero este momento, el de escribir esta carta de despedida. Aunque ella ya se haya ido desde hace días, su cuerpo no lo hizo hasta hoy.
Mi querida Chantal, lo siento tanto. siento que te vayas así, de repente, sin sentido, como casi siempre que la muerte nos toca. No ha sido ley de vida, ha sido muerte asesina, traicionera.
Tu familia y tus amigos ya llevan llorando días, y yo, también lo he hecho.
Ya sé que no éramos amigas, que apenas compartimos un par de días detrás de una cámara, pero a veces las conexiones se dan sin más.
Cuando pasan estas cosas, la muerte de una persona en principio sana y joven y por lo tanto con muchas cosas por hacer, algo se revuelve en  nuestro interior. No es sólo dolor y rabia, incomprensión, sentimiento de injusticia, de sentir que te han robado lo que era tuyo por derecho, es mucho más. Y entonces se oyen comentarios de que hay que salir y vivir la vida, que son cuatro días y que ya ves, en un momento puedes dejarla en el camino.
Cuando la muerte no es anunciada, como pasaría en una enfermedad terminal, nada puedes hacer. Y cuando lo es, anunciada, es curioso como todo aquello que decimos de aprovechar se queda a un lado.  Existen las reacciones más variopintas, desde aquel que de verdad se lía la manta a la cabeza y sale corriendo a disfrutar hasta el que se queda encerrado reconcomiéndose en su desgracia y amargándose y amargando la vida de los que con él intentan pasar el tiempo que queda. No nos dura mucho el buen propósito de no enfadarnos por cosas estúpidas, no tener prisa, aprovechar los momentos…
Todos somos mortales.  El cuándo es el inquietante.  Cuando te queda tanto por hacer y por vivir, ¿quién es el verdugo que siega tus oportunidades?
Dejas un hueco grande Chantal en aquellos que te conocimos. Recodaremos tu bonita sonrisa, tus ojos curiosos, tu pelo al viento. Si la memoria de los nuestros es lo que nos mantiene vivos después de muertos, tú vivirás muchos años aún.

domingo, 15 de septiembre de 2013

NO SOY NACIONALISTA


No soy nacionalista, me parece absurdo. Me suena a fascismo, segregación, a señalamiento, a xenofobia, a distinción, a guerra. Me suena pues a todas esas cosas contra las que una persona que ama la libertad y está por los derechos humanos repudia.
Los nacionalismos no hacen sino enaltecer los valores propios,  como la historia propia, la cultura propia, la lengua propia incluso en su día la raza propia de cara al pueblo, cuando en realidad esconden, por parte de los dirigentes que los promueven, el autoristarismo y cuestiones económicas.
Un día le oí decir a Antonio Gala respecto a una pregunta que le hicieron en una entrevista y que solicitaba su opinión sobre el feminismo, que todos los nombres acabados en –ismo son, por definición, exageraciones, extremos. Y así es. Sin entrar en el tema del feminismo, ahora no toca, le cojo la palabra en cuanto a la terminación.
Los extremismos no son buenos, muchos son los sabios desde la antigua Grecia hasta nuestros días que advertían del peligro de los extremos y abogaban por el punto medio. El equilibrio es lo mejor.
Sí diré que soy defensora de la protección de la cultura y todo lo que ella engloba, de la protección de aquellos rasgos propios por cuanto pueden enriquecer a lo común y a lo individual, al no olvido. Pero no a que se manipule abiertamente desde la más tierna infancia en un sentido u otro para formar ciudadanos patriotas.
Se da además la circunstancia, de que el español sólo se siente así cuando juega una selección deportiva o un ídolo de procedencia española. Entonces sí, sacamos pecho. Pero a no ser en esos casos, nos mofamos abiertamente de nuestros símbolos, de nuestros nombres, de nuestra cultura, de nuestra bandera, de nosotros mismos y renegamos del país que nos vio nacer y que sustentamos con nuestro trabajo y sudor.
Nos quejamos de nuestros políticos pero no los quitamos y hasta esta situación de crisis tan tremenda, incluso les reíamos sus trapicherías porque nosotros en su lugar también lo hubiéramos hecho. ¡Somos una vergüenza!
Que los catalanes o los vascos no quieran ser españoles no es de extrañar. Un alto porcentaje de la población de España se cambiaría por un finlandés, por ejemplo.
Por eso, cuando veo las banderas esteladas ondear, las ikurriñas al viento, me duele. Me duele el rechazo como ciudadana de no Cataluña o no País Vasco y pienso ¿qué he hecho yo para que no me quieran si mi comunidad autónoma es también una de las que más contribuye al Estado central?
Yo, que he vivido en nacionalismo catalán de muy cerca, me dolía cuando algunas personas se esforzaban por integrar a un magrebí mientras a mí me negaban el saludo. Y no, no me sabía mal por el magrebí, sino porque yo era de no Cataluña. Algunos se esforzaban en explicarle a un turista en inglés o francés, pero se negaban a hacerlo en español. E insisto, era alguna gente, puede que de ese millón y medio o ni tan sólo ellos. Puede que algunos de los que allí no estaban. Muchos eran incluso de los llamados “charnegos”, hijos de emigrantes españoles llegados a Cataluña en busca de trabajo y que se avergonzaban de su lengua materna.
Y me duele también que el pedante Mas haya abierto la caja de los truenos sin sopesar sus consecuencias y le haya vendido al pueblo catalán que la separación de España va ser el paraíso porque llevando ellos las riendas totales serán una “grande y libre” nación.
Me duele porque no les cuentan lo que les va a costar. Como les va afectar de verdad económicamente, como subirán los impuestos para enfrentarse a su propia deuda cuyos propios políticos han provocado. Como salir de la CE va ser un castigo enorme. Como si se separan el español se dejará de dar lógicamente como asignatura troncal –lengua maldita del opresor- y será una optativa, lo que a la larga traerá sus consecuencias. Como les venden que una vez fueron una y nadie más cuando lo más que llegaron a ser fueron pequeños condados. Siempre han pertenecido a un reino, el de Aragón en su día y al de España después. Como las revueltas y los problemas durante la II República española y la posterior guerra civil comenzaron en Cataluña con las huelgas industriales, el avance de los movimientos anarquistas y el nacionalismo a ultranza…

Desde hace años queremos lograr la eliminación de fronteras, la unidad de diversos pueblos sin que ello signifique la pérdida de su identidad sino con integración, transmisión y respeto, el ser ciudadanos del mundo, el conseguir vernos en igualdad…
Por eso en estos momentos de la historia son absurdos los nacionalismos, no tienen sentido.
Lo que hay que hacer el cambiar este sistema de autonomías que está caduco y es injusto y reformar la Constitución que falta le hace. Hace falta sentarnos, dialogar, trabajar hombro con hombro y no pegarnos puñaladas por la espalda. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

SEPTIEMBRE NEGRO.


Aunque el titulo de cuesta por excelencia lo tiene el mes de enero, creo que ya es hora que vayamos añadiendo a otros meses este adjetivo. Septiembre es, sin duda, uno de esos meses.
Millones de familias se enfrentan en Septiembre a un desproporcionado tren de gastos difíciles de superar. Los que tenemos hijos hemos de gastar en libros, cuadernos y demás útiles que se han puesto a un precio desorbitado. Aunque en los dos últimos cursos el número de familias que intercambian libros o los adquieren de segunda mano ha aumentado considerablemente, yo me incluyo entre ellas, todavía las editoriales se las apañan para incluir un nuevo ISBN en sus productos que tienen insignificantes novedades respecto a la versión anterior y que nos hacen adquirir nuevos ejemplares inevitablemente.
A ver, todos tenemos que comer. Las editoriales tienen que vender libros, los libreros tienen que vender libros. Tras la venta de un libro hay montones de personas que trabajan, desde los que los redactan, arduo trabajo, hasta los que los maquetan, ilustradores, correctores, traductores…
No estoy en contra de la venta de libros de texto, pero sí de los precios abusivos. En estos tiempos de crisis no es raro pues que la gente se busque otros medios de conseguirlos que en época de bonanza ni sed planteaban. Si las editoriales pusieran sus libros a un precio asequible, puede que mucha gente no se planteara comprarlos de segunda mano.
Otros muchos se enfrentan también a uniformes, que no sólo se llevan en colegios privados o en concertados, ojo, y se recurre a la antigua y sana costumbre de que pase de un hermano, primo, vecino… a otro.
Aún no teniendo uniforme, el chándal que no falte y también la ropa que se tendrán que poner en otoño, que en cuanto le echas mano y luego miras al niño/a comprendes enseguida que aquella prenda casi nueva no le va a caber de ninguna manera. De los zapatos ni hablamos. Y es que los niños tienen el vicio de crecer un montón durante el verano.
Tras las vacaciones, las hayamos disfrutado o no, es también tiempo de los pagos esperados y de los inesperados. Y de repente te encuentras con que es día 6 y a ver cómo llegas a final de mes.
Los que tenemos la suerte de tener un trabajo o una prestación, aún tiramos de ella pero, ¿y las miles de familias que no la tienen?
Septiembre es un mes negro, un mes que, a pesar de su agradable temperatura, de su todavía cálida luz, se vuelve negro y uno cuenta los días para que llegue diciembre y la paga de navidad a ver si remonta. Claro, si se tiene paga o si el gobierno no decide retirarla;  paga que si no andamos con ojo se nos irá en las horribles y costosas navidades hasta llegar al otro mes negro, enero.

Y mientras tanto, algunos ya están pensando como levantar su economía y mostrar de nuevo su poderío montando una guerra injustificada, si no lo dijo reviento. De nuevo soldados a la guerra, civiles muertos, niños huérfanos, mutilaciones… Y nuestro gobierno… bueno, para qué hablar de eso.