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lunes, 16 de diciembre de 2013

BESOS


Estoy entretenida viendo un programa de televisión. Es un programa en el que todo el mundo se da muchos besos. Besos entre los miembros del jurado, besos entre los concursantes, besos de broma, piquitos, lametones…

El caso es que no sé porqué pero me pareció que ya había demasiados besos y en mi cabeza empezó a sonar una vieja canción que escuchaban mis padres “El beso”, sí, aquella que dice que “la española cuando besa, es que besa de verdad”.
Ya, ya, puede parecer casposo y pasado de moda, pero la canción me llevó a reflexionar sobre el valor de los besos, sobre su significado.
Como muchas otras cosas que han perdido parte de su esencia, el beso se ha convertido en algo mucho más trivial , casi vacío de contenido.
Antes, cuando te presentaban a alguien le dabas la mano. Ahora si la ofreces te agarran de la mano, te atraen  y te plantan dos besos en la cara como si nada.  Pues a mí, la verdad, no me gusta que me bese gente desconocida.
Me encanta darle un beso a mis amigos, a mi familia, a mi marido, a mis hijas, en fin, a la gente que me importa pero no a un señor o a una señora que acabo de conocer.
Los chiquillos se andan besuqueando como si nada y los adolescentes pasan casi del beso para entregarse al sexo explícito.
El beso debería conservar ese algo misterioso. El beso sincero del amigo, el primer beso, que no es un meterte la lengua hasta la tráquea, sino el roce dulce y suave de los labios. El beso de la pasión, el de la entrega; el beso que recorre los cuerpos acariciándolos. El beso del hola y del adiós. El beso robado, ¡ay qué bien saben los besos  robados! ¡Y ese beso en la nuca tan sensual! O ese beso de hermano o de hijo…
Besos, diferentes tipos de besos, besos para ser besados, besos para besar sabiendo lo que das en cada beso.

domingo, 15 de septiembre de 2013

NO SOY NACIONALISTA


No soy nacionalista, me parece absurdo. Me suena a fascismo, segregación, a señalamiento, a xenofobia, a distinción, a guerra. Me suena pues a todas esas cosas contra las que una persona que ama la libertad y está por los derechos humanos repudia.
Los nacionalismos no hacen sino enaltecer los valores propios,  como la historia propia, la cultura propia, la lengua propia incluso en su día la raza propia de cara al pueblo, cuando en realidad esconden, por parte de los dirigentes que los promueven, el autoristarismo y cuestiones económicas.
Un día le oí decir a Antonio Gala respecto a una pregunta que le hicieron en una entrevista y que solicitaba su opinión sobre el feminismo, que todos los nombres acabados en –ismo son, por definición, exageraciones, extremos. Y así es. Sin entrar en el tema del feminismo, ahora no toca, le cojo la palabra en cuanto a la terminación.
Los extremismos no son buenos, muchos son los sabios desde la antigua Grecia hasta nuestros días que advertían del peligro de los extremos y abogaban por el punto medio. El equilibrio es lo mejor.
Sí diré que soy defensora de la protección de la cultura y todo lo que ella engloba, de la protección de aquellos rasgos propios por cuanto pueden enriquecer a lo común y a lo individual, al no olvido. Pero no a que se manipule abiertamente desde la más tierna infancia en un sentido u otro para formar ciudadanos patriotas.
Se da además la circunstancia, de que el español sólo se siente así cuando juega una selección deportiva o un ídolo de procedencia española. Entonces sí, sacamos pecho. Pero a no ser en esos casos, nos mofamos abiertamente de nuestros símbolos, de nuestros nombres, de nuestra cultura, de nuestra bandera, de nosotros mismos y renegamos del país que nos vio nacer y que sustentamos con nuestro trabajo y sudor.
Nos quejamos de nuestros políticos pero no los quitamos y hasta esta situación de crisis tan tremenda, incluso les reíamos sus trapicherías porque nosotros en su lugar también lo hubiéramos hecho. ¡Somos una vergüenza!
Que los catalanes o los vascos no quieran ser españoles no es de extrañar. Un alto porcentaje de la población de España se cambiaría por un finlandés, por ejemplo.
Por eso, cuando veo las banderas esteladas ondear, las ikurriñas al viento, me duele. Me duele el rechazo como ciudadana de no Cataluña o no País Vasco y pienso ¿qué he hecho yo para que no me quieran si mi comunidad autónoma es también una de las que más contribuye al Estado central?
Yo, que he vivido en nacionalismo catalán de muy cerca, me dolía cuando algunas personas se esforzaban por integrar a un magrebí mientras a mí me negaban el saludo. Y no, no me sabía mal por el magrebí, sino porque yo era de no Cataluña. Algunos se esforzaban en explicarle a un turista en inglés o francés, pero se negaban a hacerlo en español. E insisto, era alguna gente, puede que de ese millón y medio o ni tan sólo ellos. Puede que algunos de los que allí no estaban. Muchos eran incluso de los llamados “charnegos”, hijos de emigrantes españoles llegados a Cataluña en busca de trabajo y que se avergonzaban de su lengua materna.
Y me duele también que el pedante Mas haya abierto la caja de los truenos sin sopesar sus consecuencias y le haya vendido al pueblo catalán que la separación de España va ser el paraíso porque llevando ellos las riendas totales serán una “grande y libre” nación.
Me duele porque no les cuentan lo que les va a costar. Como les va afectar de verdad económicamente, como subirán los impuestos para enfrentarse a su propia deuda cuyos propios políticos han provocado. Como salir de la CE va ser un castigo enorme. Como si se separan el español se dejará de dar lógicamente como asignatura troncal –lengua maldita del opresor- y será una optativa, lo que a la larga traerá sus consecuencias. Como les venden que una vez fueron una y nadie más cuando lo más que llegaron a ser fueron pequeños condados. Siempre han pertenecido a un reino, el de Aragón en su día y al de España después. Como las revueltas y los problemas durante la II República española y la posterior guerra civil comenzaron en Cataluña con las huelgas industriales, el avance de los movimientos anarquistas y el nacionalismo a ultranza…

Desde hace años queremos lograr la eliminación de fronteras, la unidad de diversos pueblos sin que ello signifique la pérdida de su identidad sino con integración, transmisión y respeto, el ser ciudadanos del mundo, el conseguir vernos en igualdad…
Por eso en estos momentos de la historia son absurdos los nacionalismos, no tienen sentido.
Lo que hay que hacer el cambiar este sistema de autonomías que está caduco y es injusto y reformar la Constitución que falta le hace. Hace falta sentarnos, dialogar, trabajar hombro con hombro y no pegarnos puñaladas por la espalda. 

sábado, 3 de agosto de 2013

016


Ella le odia y lo sabe. Cuando no tiene miedo de mirarlo o cree que él no se dará cuenta se queda observándolo y piensa cómo no logró darse cuenta que se trataba de un ser tan mezquino.
Ella le odia y hasta lo desprecia. Con cada pelea se va quedando chiquitito como una cucaracha por la que te sientes amenazada y deseas pisar pero no sabes que te da más asco, oír su chasquido bajo tus pies o indicarle el camino para que se vaya.
Ella le odia pero se convence que debe permanecer a su lado. En el fondo es porque se culpa de la situación que está viviendo. Ella se enamoró, ella decidió vivir con él, ella decidió tener hijos con él. Se dice que es su pecado, su cruz, y que tiene que pagar por ello.
¿Tiene ella la culpa de que él sea un maltratador?¿Tiene la culpa de haberlo descubierto ya en la convivencia? No, pero ella piensa que sí.
Mi hijos, dice; ellos quieren a su padre y su padre los quiere a ellos. ¿Seguro? ¿Qué hay entonces de cuando están enfermos y no los cuida, cuando le agobian, cuando maltrata a su madre sin pensar en ellos?
¿Se merecen sus hijos llegar a darse cuenta de la tensión que hay en su casa, de la infelicidad, de la decepción, de la violencia?
Miedo, dice a veces, miedo a que cumpla las amenazas que le prodiga, de que sus niños paguen si ella se marcha. Pero no quiere ver que si quiere hacerles daño lo hará igual.
Ni una sola denuncia. Todo queda tras la puerta de su casa. Y mientras tanto el tiempo pasa, su vida pasa, sus hijos crecen. ¿Hasta cuándo? ¿Qué necesitas para marcharte de una vez?
Necesito un trabajo ¿Y que pasó cuando lo tenías?
Necesito fuerzas ¿Acaso no las gastas en defenderte?
Marcharse no es fácil ¿es más fácil quedarse?
No te engañes, vete.
Cuánto antes, mejor.

jueves, 25 de julio de 2013

LA VIDA

Hete aquí que un día un óvulo y un espermatozoide se unen en íntima comunión y empieza la historia de tu vida. Y las células se van multiplicando para formar lo que será tu ser, heredando la forma física inscrita en tus genes, parte de tu psique y lo demás lo hará el entorno. 
Y ese entorno dependerá del vientre que te porta y de las manos que te acunen. Y será de ti algo distinto si naces en la India o en Senegal, en Alemania o en Chile; si tus padres son jóvenes o mayores; si eres deseado o un fallo. 
Y puedes ser el primero o el último, el de en medio o el único; que tu familia sea atea o creyente, que sea rica, pobre o de clase media.
Hace tiempo que me di cuenta que el dinero no da la felicidad pero sí te abre oportunidades y que no es lo mismo nacer en Canada que en Birmania, en España o en Etiopía. 
Pero después de todo lo que sirve es ser feliz, pasar por la vida disfrutando de las cosas que tienes y no llorando por lo que no puedes alcanzar. Saber los límites y luchar porque tu ubicación puede ser un freno o un aliciente pero será tu espíritu el que te empuje. Lo que cuenta son los valores que te transmitan, la educación que recibas, eso te hará fuerte o débil, capaz o incapaz.
Y pon en tu currículo que no hayas nacido con una enfermedad congénita o con una malformación, que los médicos que te atiendan tengan la sabiduría y los medios. Y pon que estás sano de cuerpo pero enfermo de espíritu y no habrá hospital que te salve. 
Puede que empieces tu vida y un día se despierte en ti un cáncer pero que tu fuerza y la ciencia te dejen vivir con ello muchos años, como a mí. O puede que lo tuyo no tenga solución y te vayas en cuatro días no habiendo podido disfrutar aún como aquellos que he perdido en el camino. 
Ponte que tengas buenos amigos, de esos que son la familia que escoges y te sientes arropado por su abrazo y su cariño, como me pasa a mí. 
Y puede que un buen día salgas de tu casa con una sonrisa dispuesto a comerte el mundo, a respirar y a sentir y un golpe de aire tire una maceta que acabe en tu cabeza, cruces una calle distraído y se te lleve un autobús, o simplemente cojas un tren y salte por los aires. 
La vida es así. No escogemos el nacer y pocas veces el morir. No importa ni mucho ni poco sino el cómo. El dolor de unos padres cuando pierden un hijo/a es insuperable, amargo, rompedor, indescriptible. Sólo puede quedarte el consuelo de que el tiempo que ha estado contigo haya sido feliz. 

Sea este mi pequeño homenaje a todos los que ahora lloran por la muerte de sus familiares y amigos en Galicia o en cualquier punto del mundo.


jueves, 27 de diciembre de 2012

BALANCE DEL AÑO. Instrucciones.

Instrucciones. - Coger un folio en blanco, sirve uno en sucio que se pueda aprovechar por detrás. - Un bolígrafo azul, lo siento, no puede ser de otro color, luego explicaré porqué. - Trazar una raya en medio del folio de manera que quede dividido en dos, mejor en horizontal que en vertical - Poner como título de cada parte cosas positivas/cosas negativas. - Empezar a escribir, al principio sin pensar demasiado, lo que nos venga al pensamiento; después nos esforzamos un poco más. - Sumar lo positivo y sumar lo negativo. - Restar entre sí ambos resultados. Observaciones: - Las personas negativas y depresivas suelen escribir más en la columna de lo negativo mientras que las optimistas y positivas al contrario. Eso no significa necesariamente que eso haya sido así, sino que la interpretación que hace cada uno de aquello que le pasa es totalmente subjetiva. Un posible remedio para que el resultado sea más cercano a la realidad es hacerlo con la ayuda de otra persona, al menos le dará otra perspectiva. - Por positivo o negativo no solo cuentan los grandes acontecimientos, sino los pequeños detalles. Si tienen estos en cuenta se darán cuenta de las muchas cosas positivas que ha tenido este año para ustedes. - El bolígrafo debe ser azul porque el negro inclina hacia el pesimismo, y el rojo hacia la fatalidad. Los colores tienen una gran influencia en el ánimo. Con el resultado pueden hacer ustedes lo que quieran. Si es positivo sentirse satisfechos y felices; si es negativo pueden entregarse a la autocompasión o bien decidir qué está en sus manos para mejorar el resultado de cara al año que viene. Les propongo un juego
. Este necesita constancia y paciencia pues dura 365 días y se debe hacer diario. Es un ejercicio que he llevado a la práctica con mis alumnos alguna vez, aunque solo para dos semanas ya que tienen la paciencia y la constancia no suelen ser sus virtudes. Se me ocurrió a raíz de la lectura de un cuento que Bucay recoge en sus Cuentos para pensar. Para mí sin duda el más bonito. Necesitarán para ello una libreta que solo destinen a ello. Se trata de anotar únicamente los momentos bonitos que tienen durante el día y al lado los minutos que los han disfrutado. Un beso, una caricia, una sonrisa, una conversación, una imagen… Cada mes harán la suma de esas horas, minutos y segundos. Se sorprenderán. Es maravilloso. Esos son los momentos realmente vividos, importantes, para recordar, por eso se apuntan los buenos y no los malos. Es un ejercicio maravilloso apto para todos los públicos. Háganlo si se atreven. Los depresivos especialmente. Y ya me dirán, espero.

domingo, 17 de junio de 2012

LA FELICIDAD ES UNA ACTITUD


Hace años que le vengo dando vueltas al tema de la felicidad. Ha sido una constante en mi vida. Muchas veces me he sorprendido melancólica preguntándome ¿por qué no soy feliz? Al principio logré echarle la culpa a la sensación de soledad, debida seguramente a la falta de hermanos y de niños a mi alrededor. Pero de ello creo que saqué el beneficio de crearme un riquísimo mundo interior. Era capaz de pasar horas leyendo, luego escribiendo y eso me satisfacía enormemente.
En la adolescencia la infelicidad volvió al ataque pero también llegué a la conclusión de que era normal dado que estaba pasando por “el pavo” y no me aguantaba ni yo. Lloras por todo, te ríes por todo, te pones nerviosa, te llenas de inseguridades, tienes tus primeras ilusiones y desilusiones amorosas... ¿cómo te va a durar la felicidad mucho tiempo?
En mi juventud creo que fui bastante feliz, ya sabemos, la época universitaria, el conocer a los amigos que seguirán contigo ya toda tu vida, o esa suerte he tenido yo, más los que conservas de la infancia, las salidas nocturnas, los estudios, el sentirte sobre todo independiente. Porque sí, me sentía independiente a pesar de vivir en mi casa. En ella yo tenía mi propio espacio, mi habitación y el comedor que sólo usaba yo porque teníamos salita. Mi habitación era la parte íntima y el comedor era el sitio donde daba mis clases y me sacaba un dinerillo que me permitía no tener que pedir para mis gastos.
Los que me hicieron sombra fueron mis fracasos amorosos. Y es que me enamoraba mucho y muy en serio. Sí que tonteaba con algún chico de vez en cuando, cosa que satisfacía mi ego al sentirme gustada, pero si me decidía a salir con alguno, lo hacía de verdad. Por eso cuando mis relaciones se iban al traste después de dos años, o de año y medio... me quedaba tremendamente frustrada y dolida, como a todos supongo les ha pasado, y la ruptura siempre venía precedida del sentimiento de infelicidad.
Con el tiempo y la madurez que te da la vida he llegado a la conclusión, y me ha costado mucho debo ser algo zopenca, de que el estado de felicidad es muy frágil, son apenas momentos, por eso son tan preciados, a veces duran segundos, a veces horas, pero es imposible alargarlos más allá.
Para ser feliz tener otras personas con las que compartir es muy necesario y gratificante, pero lo que te hace ser feliz es tu disposición a serlo. No hay felicidad si te quedas esperando a que alguien te la proporcione, sobre todo porque ese alguien puede que no siempre esté contigo y, lo que es más importante, tampoco está siempre dispuesto a ser el payaso de circo que mantenga tu sonrisa en la cara. El otro, los otros, también necesitan sus momentos de felicidad, contigo o con los demás.
Así pues, concluyo que la felicidad es ante todo una actitud en la vida, una forma de ver el mundo e interpretarlo. Nada te hará feliz si no estás dispuesto serlo, ni el dinero, ni el amor, ni las cosas materiales. Ni la misma naturaleza con su inmensa belleza te dará la felicidad si no logras abrir tus ojos y tu corazón. Ser feliz es posible, pero no permanentemente, si no, no sería felicidad, sería rutina.