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sábado, 15 de febrero de 2014

EL AMOR SEGÚN PLATÓN

Cuando les explico Platón a mis alumnos siempre me gusta acompañar la teoría con la ilustración de los mitos que él mismo utiliza de forma tan didáctica. Suelen tener muy buena aceptación, incluso a veces hacemos una pequeña representación del Mito de la caverna.
Entre los métodos noéticos, aquellos que nos llevan al verdadero conocimiento, Platón incluye Eros, el amor. En este caso se hace referencia al amor por la sabiduría, al interés por el conocimiento, algo de lo que estamos tan faltos en estos tiempos. Aprovecho pues para meterme al público en el bolsillo uniendo un sentimiento tan a flor de piel a los 17 años con el del aprendizaje y les cuento el mito de Eros que tan bien relata el maestro en su libro El Banquete a través de la boca de Sócrates.
El diálogo nos cuenta una reunión de amigos que quedan para cenar y comentar el éxito teatral del anfitrión, Agatón. Después de la cena y relajados por el vino, cada uno de los asistentes da su visión de lo que consideran el amor, curiosas todas ellas y hermosas también.
Aquí, cómo no, me voy a referir a la versión de Sócrates. Éste, como buen sabio, espera a que todos hablen y deja para el final su discurso. Así les cuento yo el mito:
“Se reunieron los dioses del Olimpo celebrar el nacimiento de Afrodita, la diosa más hermosa, con un banquete. Allí acudieron los mejores y más guapos, los mejor considerados, o sea, todos menos Penia, la diosa de la pobreza, quien sólo acudía al final con el fin de recoger los sobrantes –a veces hago una referencia a Maléfica, el hada mala que no fue invitada al nacimiento de la princesa Aurora, simples licencias-.
Cuando ésta llegó ya los dioses estaban desperdigados por los salones y jardines, hartos de néctar, pues entonces aún no había vino. Entre los que allí dormitaban se encontraba Poros, un dios hermoso, dios de la abundancia y Penia no pudo evitar fijarse en él, allí tirado en el jardín. “No me veré en otra”- me invento el pensamiento de Penia. Y así, la diosa pobre se aprovecha de la situación y se beneficia al bello dios, unión de la cual nacerá Eros.
Pero, ¿qué puede salir de tal combinación? Eros salió feo y falto de encanto físico, como su madre; vivía en la indigencia y vestía harapos. Ninguna diosa podía mostrar deseo por él con tal aspecto. Sin embargo, Eros era inteligente, valeroso, dispuesto, como su padre. Pero ¿acaso le damos la ocasión a alguien de aspecto desagradable de descubrir sus virtudes –les pregunto retóricamente?
A esas alturas ellos ya se han reído mientras me paseo por la clase contando la historia, poniendo aspecto de Penia mirando a Poros y poniéndome trascendente al formular la última pregunta. El que más o el que menos ha tenido algún desengaño amoroso, se siente feo o poco atractivo y logra identificarse con el infeliz Eros, de bello nombre y alma pero sin éxito a causa de su aspecto. Su imaginación ha empezado a volar y se alejan de Platón, así que hay que devolverlos a la clase.  
El amor es eso, les digo. Es buscar en el otro lo que nos falta. Eros busca la belleza que no tiene, completarse, complementarse. Buscamos en el otro aquello que nos ayuda a ser felices, a ser mejores. Eso es el amor, repito.
Ya los tengo enamorados, los veo asentir, sonreírse incluso. Y ahora viene lo difícil, que entiendan que para Platón este mito no solo ilustra el amor carnal, el deseo, la pareja, sino que es aquel que motiva al ignorante a buscar la sabiduría que le falta, a superarse, a llegar a la verdad, al conocimiento en sí que está más allá de las apariencias.

Hermoso, ¿no?

sábado, 1 de febrero de 2014

PARA TODA LA VIDA...

La semana pasada Julia Otero publicaba en el Periódico un artículo titulado ¿Y la dignidad?, el cual les recomiendo, en el cual se ponía las manos en la cabeza al ver como mujeres válidas, inteligentes e independientes económicamente eran fruto de la infidelidad y a pesar de eso permanecían al lado de sus parejas o tardaban tiempo en considerar la separación. 
Esta semana publicaba la escritora Rosa Montero en su columna de El País otro artículo titulado ¿Y el amor? -algo flojito comparado con lo que suele escribir-.
El origen de ambos artículos eran las aventuras del presidente francés Hollande y de otros personajes de renombre que también levantaron escándalo.
Montero  se preguntaba cómo un tipo tan poco agraciado era capaz de levantar pasiones y dejar de lado a una mujer inteligente y culta como la desgraciada Valérie. La periodista atribuye a la erótica del poder esas conquistas.
Más sorprendentes me parecieron las declaraciones de la propia afectada en las que aseguraba que la culpa de todo la tenía la política ya que por su dedicación deja poco tiempo para la pareja. 
¡Coño! Y no pido perdón por la expresión, sería para la que tenía con ella porque para la "otra" sí tenía tiempo.
Ahora que entramos en febrero y estoy recibiendo en uno de mis correos destinados a tal fin ofertas de viajes, restaurantes, etc, todas con motivo del día de San Valentín, se me vuelven a remover las tripas.
Primero me declaro anti San Valentín. Es descaradamente una festividad comercial destinada a sacarle el dinero a la gente en nombre de un mal llamado amor. 
Segundo, que el amor se demuestra cada día, con hechos, y sí quieres detalles cualquier excusa es buena para tenerlos con tu pareja sea 14 de febrero o 25 de marzo, cumpleaños o Navidad.
Tercero, y aquí sí que me van a perdonar porque puede que dañe algunas almas sensibles, yo soy una desengañada del amor. Por mi experiencia puedo decir, como aquel, que la pasión dura tres meses y el amor ya no es para toda la vida. Tal vez es, como me dijo un día mi ex (que duro llamarlo así) que ahora vivimos muchos más años y las relaciones no están hechas para aguantar tanto tiempo. Sí, pienso yo, sobre todo sí no se las mima y vence la unilateralidad y el egoísmo.
Con respecto a los mencionados artículos le diría a la señora Otero por una parte, que somos muchas las mujeres que estamos al lado de un hombre que seguramente no nos conviene, que todos lo ven menos nosotras. Mujeres maltratadas, que no es mi caso afortunadamente, que nadie entiende porqué permanecen al lado de sus maltratadores teniendo independencia económica, por ejemplo. Mujeres que simplemente tienen una dependencia emocional tan grande que sólo pensar en separarse les cuesta la vida. Porque la inteligencia no está reñida con la memez emocional. Así es como me explico el caso de Valérie o el de amigas mías y hasta de mí misma.
A Rosa Montero le diría que para triunfar en el amor no hace falta ser un Adonis. Que el poder y la popularidad convierten al más pintado en objeto de deseo lo podemos comprobar no sólo entre los políticos, sino en el mundo de la farándula. En mi vida podría imaginarme tener un rollo con alguno de los Rollings sin vomitar, y míralos.
Que hace mucho que no creo en la fidelidad masculina y que cada vez ésta se está dando también en las mujeres. Se da tanto que hasta parece que se "normaliza"'y forma parte del recorrido de una relación sin tener por ello que llegar a la ruptura.
Para mí es intolerable. La traición rompe la confianza en el otro para siempre y con frecuencia hasta la que tienes en ti mismo y en tu capacidad de atracción y de ser amado y respetado con correspondencia.

Nada es fácil en las relaciones amorosas pero cuando una pareja está dispuesta a asumir responsabilidades, compromisos, a ponerle ganas e ilusión, todo es posible. O no.

jueves, 9 de enero de 2014

MI IMAGINARIO

En mi imaginario tú eras mi príncipe azul con todos los defectos, pero azul. Eras mi bastón, mi guía, mi camino, mi luz. En mi imaginario tu cuerpo se abrazaba al mío y se pasaban todos los dolores y las penas. Sentía como mi corazón cabalgaba con el tuyo acompasadamente.
En mi imaginario mi amor y tu amor caminaban juntos de la mano, ayudándonos en los momentos difíciles, riendo en los alegres. No había más cuerpos que el tuyo y el mío, enlazados, fundidos. No había más ojos que los nuestros, más manos, más pies.
En mi imaginario éramos felices, capaces, indestructibles. Lo nuestro era lo nuestro, fundamentado en algo tan firme como lo que sentíamos el uno por el otro, creciéndonos ante las dificultades, saliendo de cada batalla más fuertes y más sabios.
En mi imaginario tus labios eran seda y tus besos sabían a canela, como todo tu cuerpo, como mi propia piel.
En mi realidad hay un hueco enorme en mi cama y en mi vida que mi triste cuerpo no es capaz de llenar.

lunes, 16 de diciembre de 2013

BESOS


Estoy entretenida viendo un programa de televisión. Es un programa en el que todo el mundo se da muchos besos. Besos entre los miembros del jurado, besos entre los concursantes, besos de broma, piquitos, lametones…

El caso es que no sé porqué pero me pareció que ya había demasiados besos y en mi cabeza empezó a sonar una vieja canción que escuchaban mis padres “El beso”, sí, aquella que dice que “la española cuando besa, es que besa de verdad”.
Ya, ya, puede parecer casposo y pasado de moda, pero la canción me llevó a reflexionar sobre el valor de los besos, sobre su significado.
Como muchas otras cosas que han perdido parte de su esencia, el beso se ha convertido en algo mucho más trivial , casi vacío de contenido.
Antes, cuando te presentaban a alguien le dabas la mano. Ahora si la ofreces te agarran de la mano, te atraen  y te plantan dos besos en la cara como si nada.  Pues a mí, la verdad, no me gusta que me bese gente desconocida.
Me encanta darle un beso a mis amigos, a mi familia, a mi marido, a mis hijas, en fin, a la gente que me importa pero no a un señor o a una señora que acabo de conocer.
Los chiquillos se andan besuqueando como si nada y los adolescentes pasan casi del beso para entregarse al sexo explícito.
El beso debería conservar ese algo misterioso. El beso sincero del amigo, el primer beso, que no es un meterte la lengua hasta la tráquea, sino el roce dulce y suave de los labios. El beso de la pasión, el de la entrega; el beso que recorre los cuerpos acariciándolos. El beso del hola y del adiós. El beso robado, ¡ay qué bien saben los besos  robados! ¡Y ese beso en la nuca tan sensual! O ese beso de hermano o de hijo…
Besos, diferentes tipos de besos, besos para ser besados, besos para besar sabiendo lo que das en cada beso.

viernes, 26 de abril de 2013

CHIMPÚN


Ya hacía días que me venía tu nombre a la cabeza. Hacía mucho tiempo que no sabía de ti. La casualidad, o no, hizo que me encontrara con dos amigas cercanas tuyas, una primero, la otra después.
Al preguntar por ti la que más confianza tiene conmigo me dijo, está de bajón, dale tiempo. Uy, pensé yo, ¿por qué puede estar de bajón una mujer joven, sin hijos, la familia bien, el trabajo bien…? ¡No!
¡Pues sí! Y que conste que son meras suposiciones mías.
Pero si ya estabais juntos cuando os conocí y de eso hace, uff, ¡cuánto!
He de confesarte una cosa. He de decirte que cuando os conocí paseando ese amor adolescente por el mundo, con ese brillo en los ojos que sólo se tiene cuando se está enamorado, sentí un algo especial. Eso que muchos expresarían como una bonita pareja. Dabas la impresión de estar hechos el uno para el otro y de ser dos personas muy maduras.
No obstante y a pesar de todo, mi propia experiencia me trasladaba a tiempo algo lejanos y me decía que algo que tan pronto nace no puede durar.
Sin embargo, contra todo pronóstico, han pasado los años y vuestra relación se convertía en algo más firme todavía.
Es por eso que cuando pensé en vuestra ruptura lo siguiente que me vino a la cabeza fue la distancia.
Cuando una pareja tiene que separarse una buena temporada eso le pasa factura, es inevitable. Creo que las mujeres que nos quedamos lo llevamos mejor que los que se van. Seguimos haciendo las mismas cosas pero tenemos más tiempo para las amigas, lo cual es fantástico. Le dedicamos más rato a nuestras aficiones, sean las que sean, y nos sentamos cual Penélopes en una silla junto al mar a que nuestro Ulises vuelva de nuevo.
Hacemos hasta el sacrificio de ir a verlos allá dónde estén con tal de pasar unas horas, unos pocos días en su compañía, para poder soportar otra vez la espera anhelando el final de la distancia.
Se intercambian los e-mails, las fotos, los “was”, las llamadas…¡Ay!
Pero cuando vuelven están diferentes. No se adaptan bien a esa vuelta. Una los nota como algo distantes, perdidos, incluso. Y no sabemos bien por qué, las diferencias y las discusiones tontas se van abriendo paso hasta que la situación es casi insostenible y te obligan a decir ¿quieres que lo dejemos? SÍ.
¿Cómo? Esa no era la respuesta. La respuesta era no, de ninguna manera. La respuesta era me siento así o asá y vamos a superarlo juntos. Pero no sí.
Resulta que aquel muchacho algo tímido y que te necesitaba para todo se ha convertido en un joven con ganas de explorar mundos –sin ti- y te mira como si fueras su madre cuando le preguntas si le acompañas.
Aquel chico a veces aburrido, sin ganas de salir o al que no le gustaba bailar, ahora mueve las caderas a ritmo caribeño y no para en torreta.
¿Gilipollas?, claro que te sientes gilipollas, por haber esperado, por no haber querido verlo venir, por creer que el amor era indestructible…
Y eso no te pasa a ti con tu novio, o ex–novio, sino al 90% de las mujeres cuyos maridos un día cogen la puerta y se van, y las plantan a los cuarenta y muchos después de haberse sacrificado, criado, empeñado, etc.
Si el “ahí te quedas” se acompaña de una rubia o una morena con la que te dicen no van a comprometerse porque ellos a lo que se van es a vivir la vida porque sólo se hace una vez, peor. El que más o el que menos acaba siendo padre a los 50.  
¡Ay!
Y me podrías preguntar qué cómo se pasa el dolor. Y te podría contestar que no hay analgésico que lo quite, sólo el tiempo. Sí, sí, suena a rancio, pero es lo único que todo lo cura.
El alma, aunque inmortal e inmaterial, no deja de vivir en el cuerpo y se ve afectada por él. Así que hay heridas que sólo pueden ser curadas por algo tan inexorable como el tiempo.
Seguro que ya estás haciendo lo que debes, o sea, centrarte en tu trabajo, tus aficiones, tus amigas… aunque sea sin ganas. Así que no tengo más consejos que darte.
Espero, amiga, que de verdad superes este trago. Y augurarte que sin duda hay alguien especial esperando encontrarse contigo a la vuelta de una esquina.
Porque, para gilipollas, el que se ha ido.

martes, 21 de febrero de 2012

LA CHICA DEL WHATSAPP



Era 13 de febrero, lunes, noche, un día antes de que los adictos a San Valentín se intercambiaran sus regalos, postales, cenas... Porque era lunes y porque no era 14 me sorprendió encontrar restaurantes abiertos y parejas cenando en ellos.
A nuestro lado, yo iba con mi marido, había una pareja joven. Ella miraba la carta y recomendaba, hacía sugerencias a su compañero describiendo los platillos con detalle como si ya los hubiese probado todos. Él, miraba su móvil y “whatseaba” (¡vaya palabro que acabo de poner!). En fin, sigo. Ella le increpa y le dice, si sigues con el móvil me voy a poner yo también, y suelta una risilla ligera queriendo ser pícara. Comen, beben, apenas hablan. El chico acaba y vuelve al móvil y ella por distraerle, le ofrece su boca. Él se entrega al ofrecimiento y por un minuto parece que sí existe una relación entre ellos. Me imagino que como no quería ser tratado de nuevo como un niño chico, en lugar del móvil coge la carta y empieza a mirarla, entreteniéndose en las fotografías de los abundantes platos. Ella entonces se entrega a su móvil, acaba de recibir un whatsApps. ¡Mira cari, qué bonito! Me lo ha mandado fulanita, ¡ay! ¡pero qué bonito! escucha lo que dice:”.......” Y el chico sigue con la mirada clavada en la carta.
Me levanto porque mi pareja ha ido al baño y ya nos disponíamos a salir. No crean que puse oreja descaradamente, es que las mesas estaban tan juntas que nos podíamos tocar. Me quedo de pie, mirándola y un impulso me hace decirle:”No te lo creas todo”. Y ella levanta la vista y me dice: “No, si ya”.
Me voy sonriendo malvadamente. Y a ver, ¿por qué tenía yo que decirle nada?¿qué me da derecho? Sólo porque me dé cuenta de que eran dos destinados al fracaso como pareja porque nada del uno interesaba al otro, eso, no me da derecho. ¿Qué culpa tendrá la chica de que yo sea una exiliada del paraiso?