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viernes, 26 de abril de 2013

CHIMPÚN


Ya hacía días que me venía tu nombre a la cabeza. Hacía mucho tiempo que no sabía de ti. La casualidad, o no, hizo que me encontrara con dos amigas cercanas tuyas, una primero, la otra después.
Al preguntar por ti la que más confianza tiene conmigo me dijo, está de bajón, dale tiempo. Uy, pensé yo, ¿por qué puede estar de bajón una mujer joven, sin hijos, la familia bien, el trabajo bien…? ¡No!
¡Pues sí! Y que conste que son meras suposiciones mías.
Pero si ya estabais juntos cuando os conocí y de eso hace, uff, ¡cuánto!
He de confesarte una cosa. He de decirte que cuando os conocí paseando ese amor adolescente por el mundo, con ese brillo en los ojos que sólo se tiene cuando se está enamorado, sentí un algo especial. Eso que muchos expresarían como una bonita pareja. Dabas la impresión de estar hechos el uno para el otro y de ser dos personas muy maduras.
No obstante y a pesar de todo, mi propia experiencia me trasladaba a tiempo algo lejanos y me decía que algo que tan pronto nace no puede durar.
Sin embargo, contra todo pronóstico, han pasado los años y vuestra relación se convertía en algo más firme todavía.
Es por eso que cuando pensé en vuestra ruptura lo siguiente que me vino a la cabeza fue la distancia.
Cuando una pareja tiene que separarse una buena temporada eso le pasa factura, es inevitable. Creo que las mujeres que nos quedamos lo llevamos mejor que los que se van. Seguimos haciendo las mismas cosas pero tenemos más tiempo para las amigas, lo cual es fantástico. Le dedicamos más rato a nuestras aficiones, sean las que sean, y nos sentamos cual Penélopes en una silla junto al mar a que nuestro Ulises vuelva de nuevo.
Hacemos hasta el sacrificio de ir a verlos allá dónde estén con tal de pasar unas horas, unos pocos días en su compañía, para poder soportar otra vez la espera anhelando el final de la distancia.
Se intercambian los e-mails, las fotos, los “was”, las llamadas…¡Ay!
Pero cuando vuelven están diferentes. No se adaptan bien a esa vuelta. Una los nota como algo distantes, perdidos, incluso. Y no sabemos bien por qué, las diferencias y las discusiones tontas se van abriendo paso hasta que la situación es casi insostenible y te obligan a decir ¿quieres que lo dejemos? SÍ.
¿Cómo? Esa no era la respuesta. La respuesta era no, de ninguna manera. La respuesta era me siento así o asá y vamos a superarlo juntos. Pero no sí.
Resulta que aquel muchacho algo tímido y que te necesitaba para todo se ha convertido en un joven con ganas de explorar mundos –sin ti- y te mira como si fueras su madre cuando le preguntas si le acompañas.
Aquel chico a veces aburrido, sin ganas de salir o al que no le gustaba bailar, ahora mueve las caderas a ritmo caribeño y no para en torreta.
¿Gilipollas?, claro que te sientes gilipollas, por haber esperado, por no haber querido verlo venir, por creer que el amor era indestructible…
Y eso no te pasa a ti con tu novio, o ex–novio, sino al 90% de las mujeres cuyos maridos un día cogen la puerta y se van, y las plantan a los cuarenta y muchos después de haberse sacrificado, criado, empeñado, etc.
Si el “ahí te quedas” se acompaña de una rubia o una morena con la que te dicen no van a comprometerse porque ellos a lo que se van es a vivir la vida porque sólo se hace una vez, peor. El que más o el que menos acaba siendo padre a los 50.  
¡Ay!
Y me podrías preguntar qué cómo se pasa el dolor. Y te podría contestar que no hay analgésico que lo quite, sólo el tiempo. Sí, sí, suena a rancio, pero es lo único que todo lo cura.
El alma, aunque inmortal e inmaterial, no deja de vivir en el cuerpo y se ve afectada por él. Así que hay heridas que sólo pueden ser curadas por algo tan inexorable como el tiempo.
Seguro que ya estás haciendo lo que debes, o sea, centrarte en tu trabajo, tus aficiones, tus amigas… aunque sea sin ganas. Así que no tengo más consejos que darte.
Espero, amiga, que de verdad superes este trago. Y augurarte que sin duda hay alguien especial esperando encontrarse contigo a la vuelta de una esquina.
Porque, para gilipollas, el que se ha ido.

2 comentarios:

  1. ¡¡Hola Pilar! !Como dijo Gonzalo Fernández de Córdoba, el Grán Capitán, "a enemigo que huye, puente de plata". Adiós a quien no te quiere o.. no te quiere bien. Y desde ahí, todo camino adelante. ¡Mucho bueno por descubrir!

    Un afectuso saludo,
    Casilda
    http://casildacasi.blogspot.com.es/

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  2. Pilar, estoy enganchada a tu blog. Y si, si no te quieren no hay mas que hablar. Todos deberíamos tener ese espacio nuestro por si ocurre algo así, no perfer la esencia de ti, sería mas facil rehacerse, pero que dificil debe ser!!!

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