Google+ Followers

martes, 12 de agosto de 2014

ADIÓS ROBIN

Solo se me ocurre que alguien llegue a la decisión del suicidio porque ya no puede con su vida. Esta le pesa, se ha convertido en algo absurdo y sin sentido y, lo peor, no tiene ganas ni fuerzas para cambiarla. Esa rendición ante la dificultad, esa búsqueda de la paz eterna ha conducido a muchos hombres y mujeres a adelantar su muerte. Muchos lo llaman la vía fácil, otros cobardía. Yo no me atrevo a juzgarles ni aponer calificativos, pero no, no creo que sea nada fácil.
Robin Williams nos ha dejado. Ha sido otra de las victimas de las drogas y el alcohol en un tiempo y últimamente de la cocaína; otro número en la larga lista de personas que lo tienen todo pero están tan vacías que necesitan estimulantes adicionales a un atardecer, a un campo abierto, al olor de la mañana, a la sonrisa de un niño, a la mano de un amigo… Amigos, amigos que si están ahí y son de verdad se han dado cuenta de tu problema y han intentado salvarte montones de veces. Amigos que tiran la toalla cansados de querer tu vida más que tú mismo. Amigos que lloraran mañana en tu entierro.

Robin Williams, como otros actores y artistas nos deja además de su recuerdo sus obras, sus películas. Para mí siempre será el niño atrapado en el tablero de Jumanji, el maravilloso profesor de El club de los poetas muertos o el de William Hunting, el robot que quiso ser humano, el médico de Despertares, Peter Pan… Será él y todos sus personajes. Lo podremos ver una y mil veces. Pero no deja de ser triste que alguien que nos ha hecho sonreír tantas veces, fuera tan desgraciado en su vida personal como para quitarse de en medio. Descansa en paz oh capitán, mi capitán.

viernes, 21 de marzo de 2014

FELIZ DÍA DE LA POESÍA

GANARLE AL TIEMPO.
Voy a ganarle la carrera al tiempo,
voy a correr más que él,
me han dicho que si te pilla
ya poco puedes hacer.
Dicen que te huele toda,
cada poro de tu piel
y si averigua que es tu hora,
¡date por muerto por él!
Voy a ganarle la carrera al tiempo,
a llegar antes que él,
quiero hacer tantas cosas,
verla, sentirlas también.
Que si el tiempo no perdona,
que no se escapa ni dios,
que si te pilla te mata
y nada podéis hacer vos.
Tal vez en vez de ganarle
tendría que hablar con él,
convencerle que conmigo
tendría una amiga fiel.
Caminaríamos juntos
en buena conversación.
Y nada de perseguirnos.
Ya estamos viejos los dos.




lunes, 17 de marzo de 2014

PARIENTES "INTITULADOS"

Hay en los hospitales españoles una especie que me han dicho no se da en otros países. Es el pariente intitulado. Ese familiar que monta guardia junto a su enfermo día y noche, que igual cambia un pañal como controla el gotero, que le explica al familiar del vecino recién llegado cómo funcionan las cosas en esa planta, en fin un animal multifuncional.
Puede que el origen de esta especie estuviera en aquellos hospitales iniciales, saturados, faltos de personal, donde toda mano era buena. Puede que continuara por la propia desconfianza  en la eficacia y dedicación del profesional sí titulado, "cómo lo va a cuidar mejor que yo, quita, quita." Es posible también, que llegado el punto se le diera un papel relevante, protagonista casi, a ese intitulado para descargarse de tareas poco agradables, monótonas, en principio sin importancia, que ese pariente entregado estaba dispuesto a realizar. E incluso, acaso, también hubiera un componente moral por parte del familiar, la de sacrificarse por su enfermo, la de darlo todo, acallar su conciencia, cumplir con su deber.
El caso es que es más frecuente de lo que debiera. Los hay incluso que, sabiendo que a su enfermo no le gusta la comida del hospital, sacan sin pudor la fiambrera a la hora de las comidas y suministran comidita casera para que se recupere pronto.
Esta especie, lejos de estar en extinción se encuentra también de forma abundante en forma de vecina sabelotodo, aquella que tiene más información que tu propio médico y te aconseja sobre la medicación que debes o no debes tomar. Es una especie derivada de los antiguos consejos de la abuela pero sin duda más peligrosa, porque ésta ha evolucionado de la manzanilla para el ojo al colirio químico.
Una variante es la de la madre médico-enfermera de toda la vida. No sirve únicamente para un roto y un descosido, también lleva años entrenándose y sabe que el paracetamol  y el ibuprofeno van bien para el dolor, la inflamación y la fiebre, las dosis por edades, todo eso y más cosas, información, que no formación, que ha ido acumulando desde que sus retoños son bebés, tanto por parte del pediatra como del corrillo de madres con el que comparten experiencias.
Eso de meterse en terreno ajeno se ha convertido en un deporte muy practicado. Así, nos encontramos los típicos entrenadores de bar que lo hacen mucho mejor que el profesional que está cobrando millones; ellos lo harían por menos y con óptimos resultados. Los políticos de esquina que tienen soluciones para todo y no como esos que de alguna manera hemos puesto ahí, en el poder, pero que luego son incapaces de presentarse voluntarios para ser el presidente de la escalera, calla, calla, qué responsabilidad o, simplemente, qué pereza.
Hacer lo que los demás hacen mejor que ellos de boquilla es la cosa más fácil del mundo. Son esos mismos que se encienden sí otro se mete a hacer cosas que tocan su terreno. El fontanero que se enfada contigo porque primero has intentado arreglar el grifo y finalmente, cuando has provocado el desastre, lo llamas a él; ese técnico que te mira mal porque intentaste apretar el mismo tornillo que tocó él la última vez que vino y por lo que te cobró cien euros y resulta que ahora no era ese el problema...
Pero digamos que a mí, los que me preocupan de verdad, son los que se meten con las máquinas humanas porque, si se te "muere" un aparato en el intento por un exceso de lubricante, pues tiene sustituto, pero sí a tu enfermo, ese que cuidas con tanto mimo y la mejor intención, le provocas un cólico, una reacción adversa, un agravamiento, se te cae por querer levantarlo o acostarlo por andarte metiendo a médico o a enfermero o a auxiliar, eso ya tiene delito, y de verdad.
Hágannos y háganse un favor, no nos dejen estar en el hospital cuidando nuestros enfermos. Pongan un horarios de visitas, como se hace con los pacientes de observación: un ratito por la mañana, otro a medio día y otro por la noche. El resto del tiempo, el paciente será atendido por el personal correspondiente. Un horario de atención e información médica. Cada uno a lo suyo. Es mejor para el enfermo, para el familiar y para el personal sanitario.

lunes, 10 de marzo de 2014

LA VIDA DE LAS MUJERES de ALICE MUNRO. Reseña.

Cuando dijeron que Alice Munro era la nueva Premio Nobel de Literatura no me sorprendió no saber quién era, pasa con muchos premios, especialmente con los Nobel. Una oleadas de noticias sobre ella, sus libros, su biografía saltaron enseguida a los medios por lo que fue fácil situarla en Canadá, de 82 años y mi mayor sorpresa, escritora de relatos.
No es fácil abrirse camino con el relato en el mundo de la literatura, aunque hemos de decir  que últimamente se está poniendo de moda.
Que a una escritora que utiliza este formato se le conceda un premio como éste es un doble logro, porque el otro es el de ser mujer. Reconocerán conmigo que hay pocas mujeres entre los premios Nobel de cualquier especialidad.
Llevada pues por el interés y la curiosidad, me enteré además de que el tema de sus relatos es, en general, la vida misma, lo cotidiano, y la vida de las mujeres en particular. No es, sin embargo de temática feminista, o no me lo parece a mí. Munro escribe desde ella misma, su percepción como mujer que mira el mundo y lo vive.
Su libro La vida de las mujeres me llegó en forma de regalo de navidad por parte de mis hijas. Me hacía mucha ilusión leer algo suyo porque, detrás de la breve reseña biográfica y de la fotografía con amplia sonrisa y melena corta blanca, sentía que había algo que me conectaba con esta escritora, una particular forma de ver el mundo, quizá.
La vida de las mujeres no es, sin embargo, una colección de relatos, sino una de las pocas novelas que ha escrito Alice Munro. Narra la vida de una niña, Del Jordan, luego adolescente y después joven que vive en Jubilee, Canadá. Podría ser de corte autobiográfico, cosa que la autora se ha apresurado a desmentir, pero eso poco importa.
La historia de Del transcurre entre los últimos años de la II Guerra Mundial y los cincuenta, eso y que se desarrollara en un lugar alejado de un paisaje familiar para mí me dificultaron interesarme por su historia.

La vida en Flats Road, pequeña localidad junto a Jubilee, transcurre feliz para los niños, que crecen en la naturaleza. Es un sitio tranquilo  donde casi nunca pasa nada, quizá por eso cualquier pequeño acontecimiento es digno de mención, por eso, tal vez, la vida de los otros resulta tan interesante. Pequeños personajes que se hacen grandes en su entorno. Cuando  estos  niños se convierten en adolescentes empiezan a verle las carencias al lugar, empiezan a ver a sus mayores de otra manera: un padre trabajador, una madre atípica que no casa en ese lugar, unas tías que más que graciosas son sarcásticas, como el proceder de determinadas familias marca tu camino o como ser atípico en un lugar típico te pone una etiqueta para siempre -me ha encantado el personaje de la señorita Farris-.
Del crece, tiene ciertas aspiraciones fomentadas y deseadas por su madre, como la de ir a la universidad, y, entonces, ve como se van separando los caminos que te llevan a la vida directa al trabajo y al matrimonio y la de aquellas que intentan saltar buscando algo diferente.
La vida de las mujeres es un conjunto de historias tanto de mujeres como de los hombres que las acompañan, porque también ellos están determinados por su entorno. Los personajes masculinos tienen también un papel muy importante en esta novela y por ello no hay que perderlos de vista.
De un lenguaje claro, sencillo, pulido, ese lenguaje que se echa de menos en muchas novelas actuales, Munro nos transporta a otra época que no parece tan alejada de la nuestra. Podemos notar que muchas cosas han cambiado y otras continúan siendo lo mismo.

Dejarse llevar por su forma de contar es trasladarse a los paisajes, a los pensamientos de sus personajes, sentirse a la vez tan cerca como alejado, implicarse y querer gritarle a algún protagonista "pero ¡qué haces!". Sin duda eso forma parte de la magia de la literatura.


jueves, 20 de febrero de 2014

RESEÑA: EL LOBO DE WALL STREET

Aprovecho el miércoles como día del espectador y me planto en el cine por 3'90 a ver en versión original El lobo de Wall Street. Hablar de esta película a estas alturas, cuando ya ha sido comentada en muchos foros y debates, cuando se han escrito artículos, críticas, etc, es un poco necio por mi parte.
Entro con curiosidad. Sé el argumento, la vida de Jordan Belfort, un tipo que logró crearse una fortuna con el dinero de los demás en el negocio de las acciones. 
Me gusta Scorsese y me gusta Di Caprio. Ha tenido en general, buenas críticas. Es una firme candidata a llevarse varios Oscars. Pinta bien.
Sin embargo, según va avanzando la película me voy alejando de ella. Los actores están bien, bien actuados y bien dirigidos, tiene un buen ritmo, pero pronto me deja de interesar el argumento. No me interesa cómo ese hombre llegó a estafar a tanta gente. No me interesa su verborrea de predicador y como sus ovejas le escuchan delirando ante el maestro. No me interesan sus bacanales ni su drogadicción. Lo miro y no veo a un ganador, veo a un perdedor, a alguien que lo tiene todo pero no valora nada. No respeta a sus esposas, no es cariñoso con sus hijas, ni siquiera es amigo de sus amigos. Ese tío es un mierda y como tal lo veo.
Me carga también que algunas escenas duren tanto, como las de los discursos en la oficina arengando a sus trabajadores. No me aburre, no, pero tengo ganas de que termine y de irme a casa. 
Creo que la conclusión es que no me ha gustado y que he sentido que he perdido el tiempo. 
Pensaba ir este sábado a ver La gran estafa americana, pero me lo voy a pensar. Otra de engaño y fraude. Debe ser que ya tengo bastante con la vida real.

martes, 18 de febrero de 2014

VELVET VERSUS LOLITA

Anoche se estrenó con buen éxito de audiencia la serie tan anunciada en Antena 3, Velvet. De nuevo nos vemos inmersos en el mundo de la moda, después de Tiempo entre costuras que también ha funcionado. Esta vez se trata de la historia de una familia dedicada al mundo de la alta costura. En este primer capítulo no ha faltado de nada. Hemos tenido amor, celos, traición, secretos, envidias... elementos con los que se puede triunfar. Si a ello añadimos el magnífico decorado de 2000m2 en el que se han cuidado mucho los detalles, el estupendo vestuario, unos buenos actores, todo apunta que también conseguirá ganarse la gracia del púbico.
Tenemos a los personajes jóvenes como Miguel Ángel Silvestre y Maxi Iglesias que harán la delicia de las jovencitas. Una Paula Echeverría  guapa, pero que ya no parece de 25 años, lo siento hija. Unas compañeras y amigas que darán juego a lo cómico y lo dramático. A actores de renombre como José Sacristán, Aitana Sánchez-Gijón y Tito Valverde, claro que me lo acaban de suicidar, hombre, que poquito le ha durado el papel. Así que tenemos serie si la cadena no comete sus errores habituales: cortarla por falta de la audiencia esperada, no suelen tener paciencia con eso, o cagarla con el guión, que empiezan bien y luego empiezan a darle unos giros a la historia que no se sostiene. 
Me alegraré si no es así y va para adelante. Me gusta que se hagan series de calidad españolas, que triunfen, que vayan bien.
No ha ocurrido así con Bienvenidos al Lolita. Ahora están pasando el último
capítulo que será de final precipitado como obliga el hecho de tener que finiquitarla. La idea del Lolita podría haber estado bien. Una serie también de amplio espectro, con actores jóvenes y guapos, de edad media y mayores de prestigio. Podría haber habido unos números musicales estupendos en lugar de cutrecillos. Podría haber tenido unos diálogos medianamente interesantes, unas historias de amor menos previsibles y simplonas, pero no ha sido así. Una pena, pero cuando las cosas se hacen mal no pueden salir bien.

Fotos de La cadena ser y Teleprograma respectivamente.

sábado, 15 de febrero de 2014

EL AMOR SEGÚN PLATÓN

Cuando les explico Platón a mis alumnos siempre me gusta acompañar la teoría con la ilustración de los mitos que él mismo utiliza de forma tan didáctica. Suelen tener muy buena aceptación, incluso a veces hacemos una pequeña representación del Mito de la caverna.
Entre los métodos noéticos, aquellos que nos llevan al verdadero conocimiento, Platón incluye Eros, el amor. En este caso se hace referencia al amor por la sabiduría, al interés por el conocimiento, algo de lo que estamos tan faltos en estos tiempos. Aprovecho pues para meterme al público en el bolsillo uniendo un sentimiento tan a flor de piel a los 17 años con el del aprendizaje y les cuento el mito de Eros que tan bien relata el maestro en su libro El Banquete a través de la boca de Sócrates.
El diálogo nos cuenta una reunión de amigos que quedan para cenar y comentar el éxito teatral del anfitrión, Agatón. Después de la cena y relajados por el vino, cada uno de los asistentes da su visión de lo que consideran el amor, curiosas todas ellas y hermosas también.
Aquí, cómo no, me voy a referir a la versión de Sócrates. Éste, como buen sabio, espera a que todos hablen y deja para el final su discurso. Así les cuento yo el mito:
“Se reunieron los dioses del Olimpo celebrar el nacimiento de Afrodita, la diosa más hermosa, con un banquete. Allí acudieron los mejores y más guapos, los mejor considerados, o sea, todos menos Penia, la diosa de la pobreza, quien sólo acudía al final con el fin de recoger los sobrantes –a veces hago una referencia a Maléfica, el hada mala que no fue invitada al nacimiento de la princesa Aurora, simples licencias-.
Cuando ésta llegó ya los dioses estaban desperdigados por los salones y jardines, hartos de néctar, pues entonces aún no había vino. Entre los que allí dormitaban se encontraba Poros, un dios hermoso, dios de la abundancia y Penia no pudo evitar fijarse en él, allí tirado en el jardín. “No me veré en otra”- me invento el pensamiento de Penia. Y así, la diosa pobre se aprovecha de la situación y se beneficia al bello dios, unión de la cual nacerá Eros.
Pero, ¿qué puede salir de tal combinación? Eros salió feo y falto de encanto físico, como su madre; vivía en la indigencia y vestía harapos. Ninguna diosa podía mostrar deseo por él con tal aspecto. Sin embargo, Eros era inteligente, valeroso, dispuesto, como su padre. Pero ¿acaso le damos la ocasión a alguien de aspecto desagradable de descubrir sus virtudes –les pregunto retóricamente?
A esas alturas ellos ya se han reído mientras me paseo por la clase contando la historia, poniendo aspecto de Penia mirando a Poros y poniéndome trascendente al formular la última pregunta. El que más o el que menos ha tenido algún desengaño amoroso, se siente feo o poco atractivo y logra identificarse con el infeliz Eros, de bello nombre y alma pero sin éxito a causa de su aspecto. Su imaginación ha empezado a volar y se alejan de Platón, así que hay que devolverlos a la clase.  
El amor es eso, les digo. Es buscar en el otro lo que nos falta. Eros busca la belleza que no tiene, completarse, complementarse. Buscamos en el otro aquello que nos ayuda a ser felices, a ser mejores. Eso es el amor, repito.
Ya los tengo enamorados, los veo asentir, sonreírse incluso. Y ahora viene lo difícil, que entiendan que para Platón este mito no solo ilustra el amor carnal, el deseo, la pareja, sino que es aquel que motiva al ignorante a buscar la sabiduría que le falta, a superarse, a llegar a la verdad, al conocimiento en sí que está más allá de las apariencias.

Hermoso, ¿no?