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domingo, 9 de enero de 2011

THE TOURIST

Y enlazando en cierta manera con la entrada anterior, no hay vacaciones sin al menos un día de cine, aunque al precio que se está poniendo entrará a formar parte de los caprichos muy puntuales: Pareja con dos niños + palomitas (1 para todos) + agua o refresco (casi cuestan lo mismo) y a cenar a casa = 45 €.
Bueno, pues eso, que nos queremos ir al cine y le echamos una mirada a la cartelera. Por asombroso que parezca no hay ninguna película que llame nuestra atención. Al final nos decidimos por The tourist, intriga, acción, entretenimiento...
He de decir que únicamente le gustó a mi hija de catorce años.
La película está hecha para el lucimiento único y exclusivo de “la Jolie” está guapísima, aunque demasiado delgada para mi gusto, luce unos vestidos y unos peinados fantásticos y la ciudad de Venecia se vende sola, aunque solo fuera en planos generales.
La trama, previsible.
Johnny Deep desaliñado y nada atractivo, nada que ver con la portada que nos ofrece Fotogramas este enero y que adjunto. Aunque parece que el actor gusta, al igual que su mujer, andar así de desaliñado en su vida privada, aquí su aspecto sólo sirve para aumentar la belleza de la actriz. No está agudo, ingenioso ni divertido como en los piratas, ni haciendo un papelón como en tantas otras de sus películas, Su personaje es insulso, la película es insulsa.
Es una opinión claro, pero si quieren ahorrarse unos euros, no vayan a verla.

EL FIN DE LAS NAVIDADES FORZOSAS

¡Por fin se acaban estas vacaciones! No, no es que todo el mundo en mi casa esté de vacaciones. Las hijas sí, claro, estudiantes, los demás a días. Pero no dejan de ser vacaciones al interponerse tanto día festivo. ¡Qué poco me gustan las navidades! No recuerdo ni que me gustaran de niña. Claro, que cada uno vive sus circunstancias.
En estas que yo llamo navidades forzosas, de hecho no puedes escapar de ellas porque allí donde vayas hay algo que te lo recuerda, no paramos de comer, de cenar, de gastar, de familear (¿existe este verbo?) y eso multiplicado por tres que son las fechas principales, sin que ello quiera decir que en medio no nos comamos las sobras, aprovechemos para visitar más familiares o juntarnos con amigos si es que les quedan huecos, con los cuales seguimos comiendo y comiendo y hablando de las navidasdes.
Y es que las navidades perdieron su sentido hace mucho tiempo. Casi nada queda de su espíritu. Desde que se convirtieron en un anuncio de grandes almacenes han perdido su encanto y pasado a ser un mero acontecimiento comercial.
Bonito el que se reune con su familia después de mucho tiempo de haberla podido ver y por tanto es motivo de reencuentro. Bonito el que logra escaparse a otros mundos y disfruta jugando con la nieve o visitanto otros lugares. Bonito el que logra aislarse y consigue descansar. Bonito los que tienen niños pequeños y todo lo ven con esos ojos grandes de asombro por las luces, por las cabalgatas... antes de que se conviertan en pequeños tiranos que amenazan a los reyes magos con denunciarlos si no les traen lo que han pedido...
Pero lo demás, atracones de comida que ya hemos convertido en cotidiana. Antes ¿quién podía pegarse esas comilonas si no era en ocasiones como estas? Ahora, el más o el que menos un domingo goza de unos langostinos, se va de comida a un asador y por San Valentín, por el día del padre, de la madre, del niño, santos, cumpleaños, aniversarios... recibe sus regalos.
La navidad ha dejado de ser especial y por eso es una navidad forzosa, en la que hemos de estar forzosamente dispuestos a ser felices, a sonreir, a comer, a regalar, a llevarnos bien, a poner cara de me gusta mucho...
Algún día me atreveré a decir ¡basta! Y no la celebraré más.