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domingo, 9 de enero de 2011

EL FIN DE LAS NAVIDADES FORZOSAS

¡Por fin se acaban estas vacaciones! No, no es que todo el mundo en mi casa esté de vacaciones. Las hijas sí, claro, estudiantes, los demás a días. Pero no dejan de ser vacaciones al interponerse tanto día festivo. ¡Qué poco me gustan las navidades! No recuerdo ni que me gustaran de niña. Claro, que cada uno vive sus circunstancias.
En estas que yo llamo navidades forzosas, de hecho no puedes escapar de ellas porque allí donde vayas hay algo que te lo recuerda, no paramos de comer, de cenar, de gastar, de familear (¿existe este verbo?) y eso multiplicado por tres que son las fechas principales, sin que ello quiera decir que en medio no nos comamos las sobras, aprovechemos para visitar más familiares o juntarnos con amigos si es que les quedan huecos, con los cuales seguimos comiendo y comiendo y hablando de las navidasdes.
Y es que las navidades perdieron su sentido hace mucho tiempo. Casi nada queda de su espíritu. Desde que se convirtieron en un anuncio de grandes almacenes han perdido su encanto y pasado a ser un mero acontecimiento comercial.
Bonito el que se reune con su familia después de mucho tiempo de haberla podido ver y por tanto es motivo de reencuentro. Bonito el que logra escaparse a otros mundos y disfruta jugando con la nieve o visitanto otros lugares. Bonito el que logra aislarse y consigue descansar. Bonito los que tienen niños pequeños y todo lo ven con esos ojos grandes de asombro por las luces, por las cabalgatas... antes de que se conviertan en pequeños tiranos que amenazan a los reyes magos con denunciarlos si no les traen lo que han pedido...
Pero lo demás, atracones de comida que ya hemos convertido en cotidiana. Antes ¿quién podía pegarse esas comilonas si no era en ocasiones como estas? Ahora, el más o el que menos un domingo goza de unos langostinos, se va de comida a un asador y por San Valentín, por el día del padre, de la madre, del niño, santos, cumpleaños, aniversarios... recibe sus regalos.
La navidad ha dejado de ser especial y por eso es una navidad forzosa, en la que hemos de estar forzosamente dispuestos a ser felices, a sonreir, a comer, a regalar, a llevarnos bien, a poner cara de me gusta mucho...
Algún día me atreveré a decir ¡basta! Y no la celebraré más.

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