En mi imaginario tú
eras mi príncipe azul con todos los defectos, pero azul. Eras mi bastón, mi
guía, mi camino, mi luz. En mi imaginario tu cuerpo se abrazaba al mío y se
pasaban todos los dolores y las penas. Sentía como mi corazón cabalgaba con el
tuyo acompasadamente.
En mi imaginario mi
amor y tu amor caminaban juntos de la mano, ayudándonos en los momentos
difíciles, riendo en los alegres. No había más cuerpos que el tuyo y el mío,
enlazados, fundidos. No había más ojos que los nuestros, más manos, más pies.
En mi imaginario
éramos felices, capaces, indestructibles. Lo nuestro era lo nuestro,
fundamentado en algo tan firme como lo que sentíamos el uno por el otro,
creciéndonos ante las dificultades, saliendo de cada batalla más fuertes y más
sabios.
En mi imaginario
tus labios eran seda y tus besos sabían a canela, como todo tu cuerpo, como mi
propia piel.
En mi realidad hay un hueco enorme en mi cama y en
mi vida que mi triste cuerpo no es capaz de llenar.