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martes, 21 de febrero de 2012

LA CHICA DEL WHATSAPP



Era 13 de febrero, lunes, noche, un día antes de que los adictos a San Valentín se intercambiaran sus regalos, postales, cenas... Porque era lunes y porque no era 14 me sorprendió encontrar restaurantes abiertos y parejas cenando en ellos.
A nuestro lado, yo iba con mi marido, había una pareja joven. Ella miraba la carta y recomendaba, hacía sugerencias a su compañero describiendo los platillos con detalle como si ya los hubiese probado todos. Él, miraba su móvil y “whatseaba” (¡vaya palabro que acabo de poner!). En fin, sigo. Ella le increpa y le dice, si sigues con el móvil me voy a poner yo también, y suelta una risilla ligera queriendo ser pícara. Comen, beben, apenas hablan. El chico acaba y vuelve al móvil y ella por distraerle, le ofrece su boca. Él se entrega al ofrecimiento y por un minuto parece que sí existe una relación entre ellos. Me imagino que como no quería ser tratado de nuevo como un niño chico, en lugar del móvil coge la carta y empieza a mirarla, entreteniéndose en las fotografías de los abundantes platos. Ella entonces se entrega a su móvil, acaba de recibir un whatsApps. ¡Mira cari, qué bonito! Me lo ha mandado fulanita, ¡ay! ¡pero qué bonito! escucha lo que dice:”.......” Y el chico sigue con la mirada clavada en la carta.
Me levanto porque mi pareja ha ido al baño y ya nos disponíamos a salir. No crean que puse oreja descaradamente, es que las mesas estaban tan juntas que nos podíamos tocar. Me quedo de pie, mirándola y un impulso me hace decirle:”No te lo creas todo”. Y ella levanta la vista y me dice: “No, si ya”.
Me voy sonriendo malvadamente. Y a ver, ¿por qué tenía yo que decirle nada?¿qué me da derecho? Sólo porque me dé cuenta de que eran dos destinados al fracaso como pareja porque nada del uno interesaba al otro, eso, no me da derecho. ¿Qué culpa tendrá la chica de que yo sea una exiliada del paraiso?

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