Mostrando entradas con la etiqueta aprender. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta aprender. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de julio de 2013

LEGISLAR LA EDUCACIÓN

http://www.levante-emv.com/comarcas/2013/07/11/fiscal-menores-apoya-prohibir-ninos/1015367.html


Allá voy otra vez con el tema, pero es que escucho tantas sandeces a lo largo del día que no puedo sino rebelarme.
La última, se quiere legislar el uso del móvil, o más bien, el uso de internet en el móvil para menores con tal de evitar que entren en páginas no adecuadas o lo usen para pasar fotografías o vídeos de personas victimas de malas bromas, desnudas, borrachas o lo que sea que no tiene porque difundirse por la red.
Vamos a ver señor fiscal, ¿qué me está diciendo?
Estamos llegando a la legislación de la educación, es decir, como los padres son incapaces de llevar a cabo el control de sus vástagos, creemos normas, leyes que controlen a los niños y adolescentes y si se las saltan supongo que los papás pagan y si nos tocan el bolsillo igual tomamos cartas en el asunto. ¡Qué triste!
Me remito a mi artículo “Nene bebe, papá paga”. Es cierto que en cuanto le tocan el bolsillo a la gente o cuando la amonestación va contra el padre/madre y no contra el hijo parece que nos acordamos de nuestras responsabilidades. Pero no podemos dejar en manos de los legisladores el control parental.
Es necesario que los padres nos impliquemos en la educación de nuestros hijos, sepamos enseñarles lo que está bien y mal no sólo con la boca sino con nuestras propias acciones y controlemos determinados hábitos.
Vamos a ver, ¿qué hace un niño de 7 años (por poner una cifra) con un móvil? Se los dejan para que jueguen y ellos, que parecen haber nacido ya con el chip de expertos en nuevas tecnologías, en un plis-plas ya saben conectarse, mirar el Facebook, el correo y navegar por la red.
Que hacen la primera comunión, antes te regalaban tu primer reloj, ahora tu segundo móvil. Somos los adultos los que metemos a nuestros hijos en ese mundo cuando aún no están preparados para ello. Porque el niño/a debe saber discernir, debe saber utilizar lo que tiene entre las manos.
Igual que a ese mismo niño no le damos un cuchillo o unas tijeras afiladas para jugar, no le demos el móvil, démosle un juguete, porque el móvil no es un juguete. 
Así que no nos rasguemos las vestiduras cuando a los doce o trece años se meten en páginas porno –antes iban al quiosco y se compraban revistas a escondidas y con la complicidad del quiosquero- para curiosear y ver; que nadie se asuste si se hacen los unos a los otros fotos en ropa interior o sin ella y luego la imagen rula por todas partes; ni tampoco si se graban peleas o borracheras y luego las pasamos para reírnos un rato y de paso que se entere todo el mundo.
Todo eso está mal, muy mal, pero, ¿qué padres les han enseñado que el móvil no se utiliza para eso?¿cuántos han tenido un diálogo abierto con sus hijos sobre el uso inadecuado del móvil?¿cuántos restringen su uso hasta determinada edad? ¿les quitan el móvil cuando tienen que estudiar o de noche cuando se van a dormir?
Todas estas cosas forman parte de la educación y ésta pertenece a los padres, a la familia. De lo que hagamos nosotros se nutrirán ellos. De lo que vivan en su entorno surgirán las acciones a imitar y nosotros, como padres, cortaremos las malas actitudes con racionalidad y después si es necesario con la retirada del móvil.
Parece que nos da miedo educar. Que el niño llore o patalee y nos monte un escándalo. ¡Toma y calla! No, no. Así no se educa.
No hay padres perfectos ni maravillosos, pero nos debe guiar el sentido común, no el agotamiento, la dejadez o una actitud infantil de “todos” lo permiten, “todos” lo hacen…
Los adultos somos nosotros. Nosotros dirigimos sus vidas hasta que tengan edad suficiente para  hacerlo por sí mismos. De lo que hagamos nosotros dependerá gran parte el adulto resultante.
Ser padres no es fácil, por eso, si no creemos que vamos a ser capaces de serlo, de educarlos bien, de procurarles una formación y un futuro, de sacrificarnos, de decir que no igual que decimos sí… No traigamos hijos al mundo.

*foto de Levante.es
*foto de pequelia.es

martes, 23 de abril de 2013

UN PEZ FUERA DEL AGUA

Hace unas dos semanas tuve el privilegio de hacer un cursillo de fotografía de la mano de Manuel Orero, uno de los mejores fotógrafos valencianos en la actualidad. 
Todo surgió porque le sigo habitualmente en el facebook, ya que soy gran admiradora de su fotografía, y allí publicó que en el mes de abril realizaría unos cursillos para profesionales y amateurs avanzados.
Enseguida pensé en mi hija, que estudia Comunicación audiovisual, así que la apunté en el cursillo para regalárselo. 
Cuando llegó el momento de darle su regalo la sorprendida fui yo, pues esos dos días los tenía repletos de trabajo y de sesiones obligatorias. Así que ni corta ni perezosa fui yo en su lugar.
Mi afición por la fotografía comienza en mi infancia. Mi padre tenía una buena cámara y amigos fotógrafos, así que no me faltaron cámaras a lo largo de mi niñez. Mis padres tienen la casa llena de álbumes de fotos, diapositivas y películas grabadas en Súper 8, algunas de las cuales pasé a VHS -tendré que hacer ahora lo propio en DVD.
La afición me ha seguido en mi vida adulta y la comparto con mi marido que además la tiene como un elemento importante de su trabajo. Mis hijas también son grandes aficionadas, así que en casa tenemos una bonita colección de cámaras.
Cuando llegué el primer día al cursillo, me di cuenta de que yo allí pintaba bien poco, en el sentido de que había gente que sabía mucho. Claro, me dije, este curso es para profesionales y amateurs avanzados. Me sentí completamente como pez fuera del agua, pequeñita y vulnerable.
La sesión de fotos de la tarde me dio aún más la razón, pero yo ya había ido convencida que me tocaba callar, observar, aprender y practicar, así que eso fue lo que hice. 
Conforme pasó el cursillo me di cuenta que allí había gente de gran valía, verdaderos profesionales que hacían unas fotos magníficas, y me pregunté ¿y para qué se habrán apuntados estos al cursillo si son tan buenos como el maestro?
Mi alma de filósofa me contestó enseguida: porque siempre hay algo que aprender. Porque en la humildad de saberse imperfecto está la pieza clave del conocer. 
Y ¿qué he sacado yo de todo esto?
Haber pasado dos días fantásticos con este grupo de gente encantadora, haber aprendido mucho del maestro y también de los que allí acudieron como alumnos. A decidirme de una vez a hacer fotos en manual con mi modesta Nikkon D60 a la que había condenado al automático desde que la compré. A disfrutar de la fotografía.
Yo que había aprendido con cámara analógica, sin Ps que valiera, sabía cómo se aprovechaba una cámara al máximo cuando no se tenían estos medios ni se podían hacer montones de fotos para quedarte con la mejor. 
Disfruté otra vez de mi cámara y me he animado a seguir. Eso sí, la próxima vez cogeré un cursillo de principiante pues, aunque ya no lo soy, tengo mucho que aprender. 
Mientras tanto, a practicar.
Un abrazo grande a todo el grupo que hemos hecho este curso y al gran Manolo.