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viernes, 14 de diciembre de 2012

MALDITA NAVIDAD

De nuevo llegan estas fechas. He de decir que para mí la Navidad no es una de mis celebraciones favoritas. Por circunstancias familiares las Navidades en general siempre han sido tristes. Éramos tres, con la familia lejos, con amigos que pasaban las fiestas con sus familias. Así que cenar los mismos tres de todos los días o comer el día veinticinco con cara de sueño y cansancio era un tanto patético. Los regalos no tenían sorpresa, una vez sabido lo que hay que saber cada uno se compraba en rebajas lo que quería o bien lo hacía yo dejando paquetitos bajo el árbol en un intento de retomar la fiesta. Hubo unos años, cuando estuvimos en Barcelona, que las Navidades se parecieron a los anuncios de la tele, llenos de primos, de niños correteando, de abuelos contando batallitas. Fueron unos años felices. Este año no va a ser muy diferente. Hace años que no somos tres, durante unos años fuimos ocho, pero mis tíos se marcharon a vivir lejos. Ahora somos siete porque nos juntamos con los abuelos. La crisis se notará en mi casa y en la de muchos españoles. No se harán grandes comidas ni se podrán hacer estupendos regalos. El caso es que eso es lo que menos me preocupa, lo material. Tal vez, y solo tal vez, se recuperé algo del verdadero espíritu navideño gracias a la falta de fondos. Ojalá las cenas y las comidas se llenen de comidas de siempre, sin grandes aperitivos. Unas olivas, unos cacaos, unas papas...De primero una sopa de cocido, de segundo nada de entrecot ni de salmones. Y de postre los turrones, los de siempre, no los praliné. Sencillo pero bueno, gustoso. Y si es hecho entre todos, mejor. Podríamos poner bajo el árbol la bufanda hecha por la abuela, los guantes de los chinos, un portarretratos hecho con amor y fantasía, un libro de bolsillo... Saber que los niños juegan más a gusto con la caja que con el contenido. Tal vez nos atreviéramos a cantar unos villancicos con la pandereta olvidada en lugar de que suene la tele a todo volumen o la radio de moda con sintonías nada apropiadas para la ocasión. Podríamos hablar, comunicarnos. Podríamos jugar en familia a las cartas. Podríamos... Podríamos recuperar el espíritu de la Navidad. Que vinieran a casa esos vecinos que siempre la pasan solos. Que no estuviéramos jugando con el móvil o pendientes del whats app. Que hubiera sonrisas y ganas de sentir el calor del cariño. Tal vez así la Navidad tuviera sentido. Una Navidad baratita pero auténtica.

2 comentarios:

  1. Pilar querida, a la derecha de este enlace tienes tu url ;)
    http://lablogoteca.20minutos.es/deloquenosesabe-27595/0/#vota

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  2. Me gusta- Bon Any

    Aranya

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