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martes, 3 de julio de 2012

ROJO ES EL COLOR


Muchos son los ciudadanos que se han quejado de estos días de fútbol , que se preparen porque de aquí a nada empiezan las Olimpiadas de Londres, después la Eurobásquet y los paralímpicos. Decían: idiotizados los tienen con eso para que no nos fijemos en lo que está pasando; otros decían que por un par de horas que se nos olviden los problemas; otros han dicho que con las primas que van a cobrar los jugadores , no es que se salvara España, pero se podría dotar mejor, por ejemplo, a protección civil y bomberos, dado que hemos tenido la desgracia en la Comunidad Valenciana de vivir el peor incendio en 20 años. Se ha criticado duramente a Rajoy por estar en Kiev viendo el partido en lugar de estar con Fabra, el presidente de la Generalidad Valenciana, aquí, a pie de fuego.

¿Saben? Creo que todos tienen razón. El domingo me encontraba yo, al igual que los otros días en que jugaba la selección española de fútbol, sentada frente al televisor con mis papas y mi cervecita esperando que ganara la Roja. Me lo pasé pipa porque el partido estuvo genial y al final ganamos merecidamente con un 4-0 para vergüenza de la pobre Italia, que jugó bien y que en este campeonato ha sido de los mejores equipos. No es que sea muy futbolera, pero me encantan las competiciones de la seleleccion. Durante el año no veo fútbol si no es una competición de este tipo. También sigo a la de baloncesto, a la que admiro profundamente, a Nadal cuando compite con ese estilo maravilloso o a Alonso aunque sea en el circuito de Fórmula 1 de mi ciudad y que tan cabraeada me tiene. Disfruto también de la vuelta a España de ciclismo... en fin, que en mi caso no se trata de fútbol, se trata de competiciones deportivas entre selecciones o jugadores que representan a un país, el nuestro.
En efecto, muchas quejas he oido de lo idiotizados que hemos estado con el fútbol, pero no he oido comentarios de los sábados o domingos idiotizados con el tenis, con las carreras de Fórmula 1, con las de motos... Resulta molesto especiamente el fútbol.
Y mucho se quejan también de que los futbolistas van a cobrar unas primas astronómicas, que por cierto no sé quién las paga, si la Federación Española de Fútbol o la Internacional. Mucho dinero gana Nadal cuando queda primero; mucho dinero cobra Alonso cuando gana;mucho dinero gana Pedrosa, etc. Y lo peor, lo que realmente me duele es que tributen en el extranjero y no ayuden con sus impuestos a su país, al que representan. Claro que, visto lo que hacen los gobiernos con nuestros impuestos no me extraña, pero su deber, como ciudadanos españoles, es cumplir con la Hacienda española, esa que dice:”España somos todos” y que ya sabemos que “menos algunos”.
Y puestos a hablar de gente que gana mucho dinero y tributa fuera e incluso tiene su domicilio en el extranjero con la excusa de ser “muy internacional” pero que cuando vienen cantan aquello de “yo soy español, español, español”, hablemos por ejemplo del archimillonario Julio Iglesias o de Alejandro Sanz y otros artistas de su mismo pelo. En mi opinión todos y cada uno de ellos actua mal cuando deja de ser español con su bolsillo.
Y con respecto a Rajoy, que no he acabado con él, creo que sí, que la gente que se queja lo hace con razón. Que debería haber estado en la Comunidad Valenciana junto con su compañero Fabra, interesándose, porque hay prioridades. También su Ministro de Justicia en aplicación a la Ley de Transparencia, debería estar mirando cómo hincarle el diente a la Federación de fútbol española con respecto a lo que ha hecho con las subvenciones estatales aparte de pagar viajes con la familia a sitios donde nadie jugaba excepto ellos.
Más agujeros. En este país empezamos a parecer una piedra pomez.

jueves, 28 de junio de 2012

CIRCO SIN PAN


No lo voy a negar, me siento triste. Tengo la sensación de estar en un país que se hunde literalmente en el barro. Es, como si no tuviera país, como si me hubiera quedado huerfana.
Hemos llegado a un punto en que los políticos no son de confianza y por lo tanto no nos representan. Aparecen por ahí algunas voces acusadoras queriendo devolver la fe pero como que no acaba uno de fiarse mucho. Hasta ahora se ha hecho buena la frase de “sólo hay dos clases de políticos: los que están arriba robando y los que están esperando a llegar para hacerlo”.
No creemos en la justicia, aunque como diría Sócrates, la justicia no es la que actúa mal, sino aquellos que la interpretan o la imparten inadecuadamente. Dejemos pues a la justicia en paz y digamos que no confiamos en el sistema judicial. Aunque se logre condenar a los desfalcadores, el delito de desfalco es muy inferior en pena al de robo, luego las leyes están mal formuladas, hay que cambiarlas para hacer que aquellos que más daño hacen (en cantidad y/o calidad) paguen más. Porque esa es otra. Nuestro sistema penitencario está encarado a la reinserción y no al castigo (ilusos). ¿Todavía seguimos pensando en que la reinserción es posible? Cuando a una persona se la encarcela, por ejemplo por un delito de drogas, se encuentra que en la cárcel hay también drogas, mafias que la controlan, contacta con gente conocida o nueva que luego le promete un trabajito de dinero fácil y cuando sale su realidad sigue siendo la misma. Para conseguir la reinserción es necesaria la reconversión de la persona y este es un proceso que debe contar con la aprobación y deseo del individuo, con una formación adecuada y con un cambio de entorno cuando salga.
No nos fiamos nadie, ni de nuestros jefes, ni de nuestros compañeros, ni de nuestros vecinos... porque el jefe un día te dice muy bien y al otro te tiene que despedir para ahorrarse costes, los compañeros porque se juegan su trabajo como tú y mejor que te echen a ti que a ellos y después lo siento mucho pero si te he visto no me acuerdo (cómo me acuerdo de Bretch, no me muevo hasta que no me toca a mí, el sentido de la solidaridad en el dedo meñique del pie), los vecinos porque siempre te están jodiendo con algo, aunque he de apuntar que yo por lo menos tengo un par de vecinos muy buenos.
Los amigos son los que se quedan contigo cuando no tienes nada que ofrecer. Tengo mucha suerte porque tengo muy buenos amigos, pero ¿cuántos pueden decir lo mismo?
El sistema educativo está hecho una pena. Los alumnos cada vez peor preparados. La explicación no está en que los profesores también están menos preparados, no, hay profesores muy bien preparados y además con vocación. En el fracaso se juntan muchas cosas como el hecho de que los niños lleguen mal educados a los centros en sus costumbres básicas (respeto por el adulto, por favor, gracias, permiso...), que muchos padres no puedan estar con ellos lo que necesitan porque están ocupados y dejen en manos de monitores de actividades extraescolares, canguros, abuelos... un tiempo precioso que no vuelve atrás. Una influencia hipernegativa de los medios audiovisuales y nuevas tecnologías donde se les transmite un modelo de persona triunfadora muy alejado de lo que debería ser, la masificación en las aulas, lo que hace que no se puedan atender las necesidades educativas correctamente. Pero no se preocupen, con los recortes nuestros hijos estarán más hacinados, los maestros sobrecargados, las academias desbordadas y eso si los padres tienen trabajo para pagarlas.
De la sanidad, no sé si hablar, porque aunque en mi opinión es dónde se han cometido más abusos, son miles los usuarios y los profesionales que sí hacen su labor eficazmente y de manera responsable. Si ahora que la gente tiene menos trabajo o gana menos, tiene que empezar a pagar por la sanidad esto será un cataclismo ya que suelen ser los ancianos los que más lo necesitan y viven de una pensión, o los enfermos crónicos en cuyas familias siempre hay un padre o una madre que dejan su trabajo para poder atender al enfermo. Además como decía un periodista el otro día, el copago ya existe, yo pago un porcentaje sobre el valor del medicamento y pago a través de mi nómina un porcentaje a la seguridad social para tener esos servicios. No es algo nuevo. Si además pago mis impuestos, ¿qué es lo que no funciona? Pues que no todos lo hacen ni lo han hecho.
Estos días me he estado fijando en los balcones de las casas. Al contrario que hace dos años cuando el mundial de Sudáfrica, ya no había tantas banderas españolas colgadas. Falta de afición. No creo. Más bien mucho de desengaño, de descreencia, de desilusión. ¿Por la selección? No, no es tanto por eso. Por el país. Y ahí duele.
Así que anoche, acepte “circo” como animal de compañía, saqué las papas y la cerveza, critiqué a del Bosque como buena española, dirigí el partido, maldije a los portugueses, especialmente a Ronaldo, y cuando ganamos lo puse en el facebook y en el twitter y acabé colgando la bandera del balcón (además es la única ocasión en que se puede colgar o decir ¡viva España! Porque si no hay partido y lo dices es que eres facha). Me pase 3 horas sin pensar en la hipoteca, en el trabajo, en el futuro de misa hijas, en las facturas...como intenta vendernos el hipócrita anuncio de Coca-Cola, aunque hoy haya vuelto a la realidad y siga andando apátrida y huérfana por la casa.