Y enlazando en cierta manera con la entrada anterior, no hay vacaciones sin al menos un día de cine, aunque al precio que se está poniendo entrará a formar parte de los caprichos muy puntuales: Pareja con dos niños + palomitas (1 para todos) + agua o refresco (casi cuestan lo mismo) y a cenar a casa = 45 €.
Bueno, pues eso, que nos queremos ir al cine y le echamos una mirada a la cartelera. Por asombroso que parezca no hay ninguna película que llame nuestra atención. Al final nos decidimos por The tourist, intriga, acción, entretenimiento...
He de decir que únicamente le gustó a mi hija de catorce años.
La película está hecha para el lucimiento único y exclusivo de “la Jolie” está guapísima, aunque demasiado delgada para mi gusto, luce unos vestidos y unos peinados fantásticos y la ciudad de Venecia se vende sola, aunque solo fuera en planos generales.
La trama, previsible.
Johnny Deep desaliñado y nada atractivo, nada que ver con la portada que nos ofrece Fotogramas este enero y que adjunto. Aunque parece que el actor gusta, al igual que su mujer, andar así de desaliñado en su vida privada, aquí su aspecto sólo sirve para aumentar la belleza de la actriz. No está agudo, ingenioso ni divertido como en los piratas, ni haciendo un papelón como en tantas otras de sus películas, Su personaje es insulso, la película es insulsa.
Es una opinión claro, pero si quieren ahorrarse unos euros, no vayan a verla.
domingo, 9 de enero de 2011
EL FIN DE LAS NAVIDADES FORZOSAS
¡Por fin se acaban estas vacaciones! No, no es que todo el mundo en mi casa esté de vacaciones. Las hijas sí, claro, estudiantes, los demás a días. Pero no dejan de ser vacaciones al interponerse tanto día festivo. ¡Qué poco me gustan las navidades! No recuerdo ni que me gustaran de niña. Claro, que cada uno vive sus circunstancias.
En estas que yo llamo navidades forzosas, de hecho no puedes escapar de ellas porque allí donde vayas hay algo que te lo recuerda, no paramos de comer, de cenar, de gastar, de familear (¿existe este verbo?) y eso multiplicado por tres que son las fechas principales, sin que ello quiera decir que en medio no nos comamos las sobras, aprovechemos para visitar más familiares o juntarnos con amigos si es que les quedan huecos, con los cuales seguimos comiendo y comiendo y hablando de las navidasdes.
Y es que las navidades perdieron su sentido hace mucho tiempo. Casi nada queda de su espíritu. Desde que se convirtieron en un anuncio de grandes almacenes han perdido su encanto y pasado a ser un mero acontecimiento comercial.
Bonito el que se reune con su familia después de mucho tiempo de haberla podido ver y por tanto es motivo de reencuentro. Bonito el que logra escaparse a otros mundos y disfruta jugando con la nieve o visitanto otros lugares. Bonito el que logra aislarse y consigue descansar. Bonito los que tienen niños pequeños y todo lo ven con esos ojos grandes de asombro por las luces, por las cabalgatas... antes de que se conviertan en pequeños tiranos que amenazan a los reyes magos con denunciarlos si no les traen lo que han pedido...
Pero lo demás, atracones de comida que ya hemos convertido en cotidiana. Antes ¿quién podía pegarse esas comilonas si no era en ocasiones como estas? Ahora, el más o el que menos un domingo goza de unos langostinos, se va de comida a un asador y por San Valentín, por el día del padre, de la madre, del niño, santos, cumpleaños, aniversarios... recibe sus regalos.
La navidad ha dejado de ser especial y por eso es una navidad forzosa, en la que hemos de estar forzosamente dispuestos a ser felices, a sonreir, a comer, a regalar, a llevarnos bien, a poner cara de me gusta mucho...
Algún día me atreveré a decir ¡basta! Y no la celebraré más.
En estas que yo llamo navidades forzosas, de hecho no puedes escapar de ellas porque allí donde vayas hay algo que te lo recuerda, no paramos de comer, de cenar, de gastar, de familear (¿existe este verbo?) y eso multiplicado por tres que son las fechas principales, sin que ello quiera decir que en medio no nos comamos las sobras, aprovechemos para visitar más familiares o juntarnos con amigos si es que les quedan huecos, con los cuales seguimos comiendo y comiendo y hablando de las navidasdes.
Y es que las navidades perdieron su sentido hace mucho tiempo. Casi nada queda de su espíritu. Desde que se convirtieron en un anuncio de grandes almacenes han perdido su encanto y pasado a ser un mero acontecimiento comercial.
Bonito el que se reune con su familia después de mucho tiempo de haberla podido ver y por tanto es motivo de reencuentro. Bonito el que logra escaparse a otros mundos y disfruta jugando con la nieve o visitanto otros lugares. Bonito el que logra aislarse y consigue descansar. Bonito los que tienen niños pequeños y todo lo ven con esos ojos grandes de asombro por las luces, por las cabalgatas... antes de que se conviertan en pequeños tiranos que amenazan a los reyes magos con denunciarlos si no les traen lo que han pedido...
Pero lo demás, atracones de comida que ya hemos convertido en cotidiana. Antes ¿quién podía pegarse esas comilonas si no era en ocasiones como estas? Ahora, el más o el que menos un domingo goza de unos langostinos, se va de comida a un asador y por San Valentín, por el día del padre, de la madre, del niño, santos, cumpleaños, aniversarios... recibe sus regalos.
La navidad ha dejado de ser especial y por eso es una navidad forzosa, en la que hemos de estar forzosamente dispuestos a ser felices, a sonreir, a comer, a regalar, a llevarnos bien, a poner cara de me gusta mucho...
Algún día me atreveré a decir ¡basta! Y no la celebraré más.
martes, 28 de diciembre de 2010
TODOS SOLOS
Hace mucho que no escribo, y no quisiera acabar el año sin hacerlo. No escribo y no es por falta de ganas sino por falta de tiempo. Todas las obligaciones se agolpan a mi alrededor y siento que no hay demasiadas manos dispuestas a ayudarme. Cada uno tira de sí mismo como puede y todos sienten que les he abandonado de alguna manera. En este mundo que me rodea, los personajes, mis personajes, no son autónomos más que para mandarte a la mierda. Todos comprenden que estés agobiada, pero claro, la solución es que no te tomes las cosas tan a pecho. Todos saben que hay mucho que hacer, pero también que no tengo porque hacerlo yo todo. Pero, ¿acaso lo hace alguien por mi si no lo pago?
Los padres se cobran mi deuda como hija porque únicamente estoy yo y todo su amor y dedicación debe corresponderse con todo mi amor y dedicación, pero hay matices.
Los hijos te llaman la atención, te hacen sentirte necesitada e imprescindible, pero no se dan cuenta que al hacerlo no sólo me hacen un cumplido sino que añaden una carga más a mi pobre espalda.
Tu pareja se siente sola, dejada, abandonada toda. Ya no hay diálogo, sólo cansancio, sólo una persona adolorida, muerta de sueño a su lado, sin ganas de hablar, de amar, de salir, de reir.
Solo. Y yo, sola.
Mis amigas me ofrecen su ayuda. Ánimo moral que también hace falta. Consejos que me llevan al alejamiento y a pensar un poco más en mi, pero yo solo quiero dormir.
No quiero saber que mi madre se muere cada día un poco más y que no siento fuerzas para aguantar su ciudado. No quiero ver como mi padre se derrumba y a la vez se descarga en mi. No quiero pensar que mi marido vuelva a entrar en crisis y busque fuera de casa el desahogo. No quiero pensa ni siquiera en como mi hija pequeña se acerca al mundo adulto de cabeza, como si supiera nadar, sin oir, sin escuchar consejos. No quiero enterarme ni ver como la habitación de mi hija mayor es un reflejo del lío que tiene en su cabeza.
Todos estamos encerrados en nosotros mismos. Por eso somos incapaces de ser generosos, de echarnos una mano de verdad. De evitar una queja y buscarnos la vida. De hacer por los demás en beneficio de los que queremos.
Por todo ello, estamos y nos sentimos, solos.
martes, 29 de junio de 2010
ACCIDENTES Y NORMAS
Noche de San Juan. Castelldefells. Un gran número de personas se dirigen en tren hacia las playas de la localidad para festejar las hogueras de la noche “mágica”. Llegan al destino, bajan del tren. La pasarela está cerrada por obras. El paso subterráneo está muy lleno y la cola va lentamente, demasiado lentamente para aquellos que siempre tienen prisa, prisa por vivir, como si la vida se acabara mañana, como si desperdiciar un minuto fuera no poder recuperarlo jamás. Y en parte es así. Tiempo pasado es tiempo no recuperado, pero la cuestión a la que quiero llegar no es esa.
La mayoría de las víctimas son jóvenes entre 15 y 25 años. Da lo mismo si en su mayoría eran sudamericanos o españoles. Lo que realmente debe llamarnos la atención es como la gente joven está dispuesta a jugarsela por no esperar un minuto, cinco, diez. Diez minutos no valen una vida. Me salto las normas porque no pasa nada. Todo el mundo cruza por aquí y nunca pasa nada. Todo el mundo se salta este stop que no sé para qué lo han puesto si nunca pasa nadie. Todo el mundo se mete en dirección prohibida por esta calle porque si no hay que dar muchas vueltas y voy aquí al lado. Todo el mundo bebe y no pasa nada. Todo el mundo se hace rayas y controla, todo el mundo, todo...
El ser humano es capaz de engañarse a si mismo con la estupidez que sólo los humanos tenemos. Esa racionalidad, esa capacidad que nos lleva a enlazar razón con conciencia, conciencia con responsabilidad, se esfuma con una facilidad pasmosa en ciertas etapas de la vida. Gracias a ese paréntesis de imbecilidad, miles de jóvenes mueren atropellados, alcoholizados, de sobredosis, accidentados...
Este accidente, como tantos otros, que ha provocado estas muertes tan evitables, no solo ha sido un horror para aquellos que han perdido su vida, sino también para sus amigos, para su familia, para el pobre conductor del tren que vió como, inevitabledmente, una bola humana se desmembraba ante sus ojos, para los pasajeros del tren que sufrieron primero el frenazo y luego el sabor amargo del accidente por el cual también fueron marcados y magullados. Fue un horror para los que esperaban el tren, para el revisor, para los policias que tuvieron que hacer el informe, los bomberos, los forenses, los que recogieron los cuerpos y para los simples mortales a los que nos llegó la noticia.
La noche mágica convertida en noche trágica, por no perder un minuto, cinco, diez. Por no respetar las normas, las indicaciones, por no hacer lo que se debe, o sea, por falta de civismo y responsabilidad social.
Espero que el gobierno no indemnice a los muertos, así como tampoco les deseo a sus familiares que RENFE les exija daños y perjuicios, que puede. Y lo espero porque si no ya veo la cola de familiares de accidentados, suicidados, y antiseñales que harán cola ante la oficina oportuna para pedir su premio por haberse saltado las normas.
La mayoría de las víctimas son jóvenes entre 15 y 25 años. Da lo mismo si en su mayoría eran sudamericanos o españoles. Lo que realmente debe llamarnos la atención es como la gente joven está dispuesta a jugarsela por no esperar un minuto, cinco, diez. Diez minutos no valen una vida. Me salto las normas porque no pasa nada. Todo el mundo cruza por aquí y nunca pasa nada. Todo el mundo se salta este stop que no sé para qué lo han puesto si nunca pasa nadie. Todo el mundo se mete en dirección prohibida por esta calle porque si no hay que dar muchas vueltas y voy aquí al lado. Todo el mundo bebe y no pasa nada. Todo el mundo se hace rayas y controla, todo el mundo, todo...
El ser humano es capaz de engañarse a si mismo con la estupidez que sólo los humanos tenemos. Esa racionalidad, esa capacidad que nos lleva a enlazar razón con conciencia, conciencia con responsabilidad, se esfuma con una facilidad pasmosa en ciertas etapas de la vida. Gracias a ese paréntesis de imbecilidad, miles de jóvenes mueren atropellados, alcoholizados, de sobredosis, accidentados...
Este accidente, como tantos otros, que ha provocado estas muertes tan evitables, no solo ha sido un horror para aquellos que han perdido su vida, sino también para sus amigos, para su familia, para el pobre conductor del tren que vió como, inevitabledmente, una bola humana se desmembraba ante sus ojos, para los pasajeros del tren que sufrieron primero el frenazo y luego el sabor amargo del accidente por el cual también fueron marcados y magullados. Fue un horror para los que esperaban el tren, para el revisor, para los policias que tuvieron que hacer el informe, los bomberos, los forenses, los que recogieron los cuerpos y para los simples mortales a los que nos llegó la noticia.
La noche mágica convertida en noche trágica, por no perder un minuto, cinco, diez. Por no respetar las normas, las indicaciones, por no hacer lo que se debe, o sea, por falta de civismo y responsabilidad social.
Espero que el gobierno no indemnice a los muertos, así como tampoco les deseo a sus familiares que RENFE les exija daños y perjuicios, que puede. Y lo espero porque si no ya veo la cola de familiares de accidentados, suicidados, y antiseñales que harán cola ante la oficina oportuna para pedir su premio por haberse saltado las normas.
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domingo, 23 de mayo de 2010
PRIMERA DAMA EN APUROS
Ayer fue noticia en todos los telediarios. La primera dama estadounidense Michelle Obama visitó un colegio de Maryland y en una de las clases que visitó, una de las niñas le preguntó si iban a echar a toda la gente que no tenía papeles. La esposa del presidente se vio en el apuro de cómo explicar a una niña de unos seis años de aspecto hispano por qué son necesarios los “papeles” para permanecer, trabajar, estudiar... en un país. Es difícil de explicar, muy difícil. Cuando yo tenía 18 años también pensaba que el mundo era de todos y que por lo tanto todos teníamos derecho a circular libremente por él. Cuando era tan joven y universitaria, no creía en la existencia de fronteras y cualquier tema relacionado con la exclusión y la prohibición me parecía una violación de derechos humanos. Hoy, con cuarenta, me doy cuenta de que es necesario que las personas estemos censadas y que el control es necesario para llevar un país. Un país es como una casa pero enorme. En casa, la persona que se encarga de la comida, la ropa, la compra, de administrar el dinero... que suele ser la mujer, debe saber quién vive en ella para poder organizarse. En el Estado ocurre lo mismo pero a un nivel infinitamente mayor. No se trata pues de discriminación sino de organización. Y no, no es que me haya aburguesado. Soy una trabajadora normal, con un sueldo normal, que tiene que luchar por salir adelante cada día y ayudar a mi familia a buscarse un puesto en la sociedad. Lo que aquella niña del parvulario dijo a continuación debió dejar boquiabierta a la mujer del presidente: “es que mi mamá no tiene papeles”. Ahora yo me imagino la reacción de Estado Unidos. Esa niña ha dicho públicamente que su madre es una “sin papeles”. Inmediatamente el servicio de inmigración debe saber los datos de la niña e ir a por la madre para expulsarla del país. Pero no, no se alarmen, según se apresuraron a publicar, el Departamento de Inmigración no adoptará medidas contra la familia de la pequeña. Las razones que han dado es que su departamento está más interesados en expulsar criminales que gente de bien, y que tampoco podían basarse en las declaraciones inocentes de una niña de primaria.
En España se me ocurre que tal y como estamos actuando últimamente en política de inmigración, hubieran dado el mismo primer paso, averiguar quiénes eran los padres de la pequeña, para después proporcionarles los papeles de residencia, un trabajo regularizado por lo menos a uno de los padres y asegurarse que cuentan con las garantías educativas y sanitarias precisas. Al fin y a cabo, somos Quijotes.
Las palabras del presidente boliviano no pudieron ser más significativas: ustedes primero nos invadieron e hicieron con nosotros lo que quisieron; no se quejen de que ahora seamos nosotros los que necesitemos venir a su tierra.
En España se me ocurre que tal y como estamos actuando últimamente en política de inmigración, hubieran dado el mismo primer paso, averiguar quiénes eran los padres de la pequeña, para después proporcionarles los papeles de residencia, un trabajo regularizado por lo menos a uno de los padres y asegurarse que cuentan con las garantías educativas y sanitarias precisas. Al fin y a cabo, somos Quijotes.
Las palabras del presidente boliviano no pudieron ser más significativas: ustedes primero nos invadieron e hicieron con nosotros lo que quisieron; no se quejen de que ahora seamos nosotros los que necesitemos venir a su tierra.
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viernes, 21 de mayo de 2010
GUSTAVO VIDAL: FUNCIONARIOS CONGELADOS
Paso a reproducir tal cual una carta de Gustavo Vidal Manzanares, por considerarla de interés y para solidarizarme con su opinion.
Funcionarios públicos y sueldos congelados
En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada
donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo
mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.
Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente,
trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.
Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer
ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada
sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.
Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el
sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil
viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los
dedos.
Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables
con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti club y caspa montaban una constructora y
juntaban billetes de quinientos euros como cromos. Legiones de jóvenes abandonaban los
estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches
refulgentes… ¿los funcionarios? Unos “pringaos, hombre, unos “pringaos”… ¿para qué
estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?...
“España va bien”.
Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y “España
va bien”, miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza
de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una
mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del
momento crucial y temible de los exámenes.
Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han
de pagarlos los “privilegiados funcionarios”, precisamente el colectivo que apenas se
benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis.
Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron
dinero sin las debidas garantías. No pensemos que las ganancias obscenas de la
especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y
comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a
empresarios. No, no… todo esto que lo paguen los funcionarios.
Sí, los funcionarios, aquellos “pringaos” durante los años del falso esplendor económico.
Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los
cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores
que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros
mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos… ¡resulta que estos han de pagar
la crisis y son unos “privilegiados”!
Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
Funcionarios públicos y sueldos congelados
En 1956, Dolores Medio escribió “Funcionario público”, novela desgarrada
donde se narran las penurias de Pablo Marín, funcionario atado a un sueldo
mísero que malvivía en un cuartucho junto a su mujer.
Tras las décadas siguientes de desarrollo, la figura del empleado público casi indigente,
trasunto del cesante de novelón galdosiano, fue poco a poco hundiéndose en el olvido.
Pero en los últimos días, la cloaca política y mediática neoliberal ha babeado de placer
ante los ecos de una posible congelación salarial a los funcionarios. Sin embargo, nada
sería más injusto que pasar la factura de la crisis a este colectivo.
Así, en los momentos de hervor económico y ladrillazo, un encofrador podía duplicar el
sueldo de un Técnico Superior de la Administración, y para conseguir que un albañil
viniera a casa había, poco menos, que apuntarse en una lista de espera y cruzar los
dedos.
Mientras los funcionarios perdían poder adquisitivo y realizaban malabarismos contables
con el sueldo, miles de paletos de eructo, puti club y caspa montaban una constructora y
juntaban billetes de quinientos euros como cromos. Legiones de jóvenes abandonaban los
estudios y dejaban sus libros escolares criando polvo mientras se pavoneaban en coches
refulgentes… ¿los funcionarios? Unos “pringaos, hombre, unos “pringaos”… ¿para qué
estudiar?, ¿para qué invertir?, ¿para qué innovar?...
“España va bien”.
Y mientras tantos celebraban sus ganancias entre cubatas, risas, rayas de coca y “España
va bien”, miles de hombres y mujeres habían inmolado sus mejores años junto a una taza
de café cargado, un flexo y un temario de oposiciones. Con los codos clavados en una
mesa, viendo la vida desfilar a través del claroscuro de un ventanal, a la espera del
momento crucial y temible de los exámenes.
Pues bien, ahora resulta que, según los neoliberales, los efectos de aquellos excesos han
de pagarlos los “privilegiados funcionarios”, precisamente el colectivo que apenas se
benefició del auge económico y que, por supuesto, no provocó la crisis.
Según ese planteamiento no pidamos cuenta a las entidades bancarias que prestaron
dinero sin las debidas garantías. No pensemos que las ganancias obscenas de la
especulación acabaron en paraísos fiscales. No indaguemos en ayuntamientos y
comunidades que dilapidaron millones encargando obras absurdas que enriquecieron a
empresarios. No, no… todo esto que lo paguen los funcionarios.
Sí, los funcionarios, aquellos “pringaos” durante los años del falso esplendor económico.
Sí, el juez que sacrificó como poco cinco años en una oposición terrorífica (aparte de los
cinco de carrera) para ganar menos que muchos fontaneros. Sí, los miles de opositores
que hubieron de recurrir al Lexatín, el policía que se juega la vida por mil quinientos euros
mensuales, el auxiliar que no gana más de novecientos… ¡resulta que estos han de pagar
la crisis y son unos “privilegiados”!
Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor
viernes, 9 de abril de 2010
ARTICULO DE REVERTE
Recibo por parte de una amiga y con mucho gusto, un artículo publicado por Arturo Pérez Reverte titulado "Un colegio no sexista". Es de esas noticias que según como las interpretes te partes de risa o te sientas a llorar ante la estupidez humana. Aunque les recomiendo que lo lean entero, les hago un pequeño resumen para que puedan entender mi comentario. He allí un colegio que estaba decidiendo el nombre para su centro. Los reunidos querían un nombre significativo pero que no fuera ni sexista, ni tradicional, ni político... Una señora se empeñaba en analizar uno por uno cada candidatura como si fuera la ministra de igualdad. Al final le pareció dar con la solución. El colegio debía llamarse "La pantera rosa". Sí, sí, como suena.
Lo de Pantera Rosa, bueno, eso tiene miga, porque, ¿la pantera es macho o hembra? Lo de ir de rosa si es macho lo convierte en homosexual, o directamente en maricón? Si es hembra ¿vestirla de rosa no sería sexista? El hecho de que no quede clarísimo el sexo del "supuesto animal" ¿no podría crear una confusión de graves consecuencias psicológicas en los niños? Claro que tampoco es un animal, sino un dibujo animado, ¿tienen sexo los dibujos, o son como los ángeles de los que se dice que no tienen sexo aunque les llamen con nombres masculinos? O sea, el coyote, correcaminos, etc ¿de qué sexo son?
¡Ay que lío, esta noche no duermo!
Lo de Pantera Rosa, bueno, eso tiene miga, porque, ¿la pantera es macho o hembra? Lo de ir de rosa si es macho lo convierte en homosexual, o directamente en maricón? Si es hembra ¿vestirla de rosa no sería sexista? El hecho de que no quede clarísimo el sexo del "supuesto animal" ¿no podría crear una confusión de graves consecuencias psicológicas en los niños? Claro que tampoco es un animal, sino un dibujo animado, ¿tienen sexo los dibujos, o son como los ángeles de los que se dice que no tienen sexo aunque les llamen con nombres masculinos? O sea, el coyote, correcaminos, etc ¿de qué sexo son?
¡Ay que lío, esta noche no duermo!
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