lunes, 10 de septiembre de 2012

NESPRESSO

Hay algunas tiendas en las que da gusto entrar, sobre todo en un día en que no hay demasiada gente y no tienes que hacer cola. Tiendas en las que te tratan como si fueras alguien único o especial. Ese es uno de los placeres que te ofrecen las tiendas Nespresso. Entras, insisto, entre semana y si es por la mañana mejor, te atiende una persona bien trajeada con su traje color café, te ofrecen otros productos de forma sugerente y cuando acabas tu compra te ofrecen un café que casi siempre aceptas, todo ello con una educación exquisita. 
Hay veces que tanta educación te puede poner nerviosa, sobre todo en estos tiempos en que tal cosa ocurre con muy poca frecuencia y nos llegamos a sorprender cuando alguien te abre la puerta, te cede un asiento o te piden las cosas por favor. ¡Qué pena!
Y sí, puede uno sentirse incómodo en esa situación, como a mi me gusta llamar "muy inglesa". La llamo así porque me recuerda a las series británicas de señores y mayordomos en los que los criados que tienen trato directo con los señores de la casa tienen con ellos un trato tan exquisito, que a veces superan en educación, discreción, sentido del honor, a aquellos a los que sirven.
Pues sí, yo el sábado me sentí muy bien tratada. Iba con mi hija pequeña, nos ofrecieron un café, lo aceptamos y luego salimos por la puerta. 
El cristal de la entrada me devolvió una imagen que estaba muy alejada de como yo me sentía, a ver si me explico. Por un momento sentí que llevaba un traje de chaqueta azul marino con una blusa blanca de seda; unos zapatos bonitos con el bolso a juego y el pelo correctamente peinado.
La mujer que reflejaba aquel cristal era la que había salido de casa con su falda larga de Venca, su blusa gastada de Mango, unas sandalias Camper de hace cuatro años y el pelo alborotado. Entonces me sentí desilusionada y fuera de lugar, para que me digan que el hábito no hace al monje. 
Es verdad que me habían tratado como si hubiera ido de Cavalli o de Carolina Herrera, no hay distinción, eres un cliente. 
También sé que aquellos jóvenes trajeados cuando salieran del trabajo y se vistieran de sí mismos, posiblemente se alborotarían su pelo, se harían sus crestas, vestirían ropa informal y ¡hala, de fiesta!
Todo el mundo interpretamos un papel, con frecuencia varios, en la vida. Como uno de los monitores de la piscina que los fines de semana hace de "boy" en una conocida sala de fiestas. 
El caso es que cuando salí de allí no sabía a ciencia cierta quién quería ser, si  la del reflejo en el cristal o la del traje azul, y aún estoy con la duda.

Por cierto, el café, buenísimo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

LA HISTORIA DEL MUNDO EN 2 MINUTOS



Fantástico vídeo. Para reflexionar

viernes, 7 de septiembre de 2012

EL DÍA QUE SE PARALIZÓ EL PAÍS. 2

-2-


Pronto empezaron a llegar los demás ministros conduciendo también sus propios vehículos, todos exaltados y hablando a la vez, cada uno contando lo que le había pasado particularmente.
-¡Basta!-dijo el presidente. Esto es mucho más grave de lo que creemos. No se puede paralizar un país. Imaginemos por un momento que esto que está pasando es posible, que no es algo que yo esté soñando. Aunque se tratara de una huelga general, siempre hay personas que no la siguen. Es imposible que nada funcione. ¿Y nuestros afiliados?¿Y los medios de  comunicación afines a nosotros? Entremos en casa, vamos a la sala de reuniones y quiero que cada uno de vosotros empiece a llamar a sus contactos, a vuestros ministerios, al bedel del Congreso, a quién sea que conozcáis y que sepáis que nunca haría una huelga.
Todos los ministros entraron en la sala y se repartieron las llamadas.
Ni en el Congreso ni en el Senado respondió nadie al teléfono. En las sedes de los distintos ministerios tampoco. En las televisiones y radios afines encontraron algún periodista que permanecía todavía anonadado al encontrarse el edificio vacío. Algún colaborador había acudido, pero les resultaba del todo imposible poner el marcha la programación a falta de técnicos.
A uno de los ministros se le ocurrió llamar al 112. Una máquina le contestó diciendo que escogiera entre las opciones posibles de urgencia y tecleara el número correspondiente. Por supuesto que en la lista no estaba la de país paralizado, así que el ministro tecleó el número de fuego.
-Fuego-contestó la máquina. A continuación, teclee el tipo de fuego producido de entre los tipos que le exponemos: en una casa en la ciudad, en una casa en el campo, en un edificio de oficinas, en un edificio particular, en… El ministro colgó el teléfono.
-¿Qué pasa?-le preguntó su colega al verlo tan indignado-¿sabes algo?
-Que ni los servicios de urgencias funcionan, parecen una burla, hay que teclear el tipo de urgencia y así infinitamente, ¿te lo puedes creer? Cuando llegas a la opción correcta ya te has quemado o muerto de un infarto.
-Pues yo he llamado a los hospitales y también me ha contestado una máquina. Me ha dicho que los enfermos están atendidos pero que hoy no se reciben familiares. Sólo se atenderán en urgencias casos verdaderamente graves.

El teléfono azul de la sala de reuniones sonó de repente. El presidente se volvió hacia él y todo quedó en silencio. Sabía que era una llamada de Europa. ¿Estaría pasando lo mismo en todos los países? Si era así casi le tranquilizaba, pero si sólo pasaba aquí, ¿qué clase de explicaciones iba a dar?
-¿Presidente? -dijo alguien en inglés al otro lado del teléfono.
-Sí, soy yo- contestó igualmente en inglés.
-Perdone que le moleste, pero he intentado hablar con el Banco Nacional de su país y no logro que me respondan, ¿tienen algún problema de comunicaciones?
El presidente respiró hondo y se pensó unos segundos la respuesta.
-Sí, eso es, un incendio ha afectado las líneas, pero no se preocupe, lo solucionamos enseguida. No obstante si quiere trasladarme a mí su petición no tengo ningún problema en conectarme de manera particular y hacer que le llamen inmediatamente.
-Espero que pueda hacerlo porque yo lo he intentado también por internet y parece que tampoco es posible. Es algo muy raro, ¿no?
-Ciertamente pero…
-Además, tampoco hay acceso a la prensa española ni a otros medios de comunicación.
-Bueno, yo creo que eso…
Su interlocutor no lo dejó terminar.
-Espero que resuelvan pronto esto. Vivimos en el siglo de las comunicaciones, es un problema grave. ¿Quieren que les echemos una mano?
-No, no –se apresuró a decir el presidente –son problemas técnicos que tendrán solución brevemente. Por favor discúlpeme. Nos pondremos enseguida en contacto con ustedes. Gracias por su comprensión.
Colgó el teléfono antes de que al otro lado de la línea diera tiempo a contestar.
-¿Alguien ¡ha intentado conectarse a internet?-preguntó el presidente.
-Claro-contestaron varios de sus ministros a la vez.
-No funcionan las páginas españolas- dijo Cinco- las extranjeras, sí.
-Voy a llamar al rey.


El presidente cogió el teléfono fijo de conexión directa con la casa real.
-¡Hola!-contestó una vocecilla de una cuatro años.
-¡Trae acá niña!- dijo una voz.
-Aquí la casa real, ¿quién llama?
-¿Majestad?-preguntó el presidente algo perplejo por lo que acababa de pasar.
-¡Hombre Uno!-
-Majestad, está pasando una cosa muy rara.
-Ya te digo, me han dejado solo aquí con los niños. P1 está en el extranjero, la reina de vacaciones y no están los sirvientes.
-Esto es muy grave Majestad-apuntó con voz tremendamente preocupada el presidente.
-Bueno, yo creía que me habían gastado una broma. En fin, ¿has llamado a G1?
-Sí señor, pero me salta un contestador diciéndome que está reunido, ni siquiera ha sido su secretaria la que se ha puesto al teléfono.
-¡Vaya! Ahora mismo le llamo yo a su teléfono privado, a mí me contestará. Ahora te llamo.
-Muy bien majestad, espero su llamada.
El rey cogió su teléfono móvil y marcó el número privado de G1, pero le saltó un buzón de voz indicando que dejara su mensaje.
-¡Será posible! Escucha G1 o me contestas ahora mismo y me dices lo que está pasando o te vas a enterar de quien soy yo.
Acto seguido llamó al presidente.
-Dígame majestad, ¿ha averiguado algo?
-Me ha saltado su buzón de voz, a mí, ¿te lo puedes creer? ¡Será cabrón!
-He mandado a Cuatro para que se presente allí personalmente y me cuente lo que pasa.
-Llámame en cuanto sepas algo.
-Así lo haré señor-contestó el presidente.
Al cabo de una hora apareció Cuatro visiblemente consternado. Se encontró con que en el patio del palacio presidencial había más coches. En el interior, la mujer del presidente gritaba a su esposo que no había nadie en la casa, que había llevado a los niños al colegio y que estaba cerrado y que otros padres se habían encontrado con lo mismo. El presidente intentaba calmarla diciéndole que se llevara a los niños a las estancias privadas y que se lo tomara como un día festivo, que algo grave estaba ocurriendo pero que no podía informarle todavía. La mujer obedeció sin preguntar llevándose a los niños que saltaban alborotados por la falta de colegio.
El presidente se acercó a Cuatro.
-Cuéntame.
-No hay nadie en ninguna parte, está cerrado.
Uno entró en la sala y volvió a llamar al rey.
-Majestad, no hay nadie en ninguna parte. Cuatro me ha dicho que ni siquiera en el Alto Mando, ni por la calle; las tiendas, los bancos, todo está cerrado.
-Y la Guardia Civil, esos siempre están.
-Tampoco- contestó.
-¿Y el Congreso?¿No se les habrá ocurrido hacer otra de las suyas a los militares? Mira que esta vez no me han dicho nada.
-El Congreso y el Senado también están cerrados. Los diputados de mi grupo que han acudido allí se han encontrado con las puertas cerradas y ahora los tengo aquí preguntándome por lo que pasa.
-¡Um! ¿Crees que se han enterado en el extranjero?

-Me han llamado de Alemania esta mañana porque querían hablar con el presidente del Banco Nacional y no se hacían con él. No hay prensa y la Bolsa tampoco ha abierto, es cuestión de minutos que empiecen a bombardear los teléfonos desde Bruselas.
-Uno, estamos ante una situación de alarma total. Lo malo es que no podemos ocultar nuestra situación al resto del mundo. Ahora te tiras un pedo aquí y lo oyen en China.
-Señor, si le soy sincero, no sé cómo llevar esto.
-A mí tampoco se me ocurre qué hacer. Es como si la gente se hubiera evaporado, pilares importantes para el funcionamiento del país. Llamar al presidente europeo no sé si arreglaría algo, pero está claro que necesitamos ayuda.
-¡Cariño, cariño, por la televisión están emitiendo un comunicado!
Uno miró hacia la puerta de la sala desde donde su mujer había gritado la nueva.
-Disculpe majestad, encienda el televisor, parece que alguien está emitiendo un comunicado. Luego le llamo. 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

EL DÍA QUE SE PARALIZÓ EL PAÍS. 1

-1-

El presidente se levantó muy temprano, como siempre había hecho en su vida. Ya no recordaba ningún día en que se hubiera levantado más tarde de las siete. Apenas hizo ruido para no despertar a su esposa y se dirigió al baño para ducharse. Tras ello, entró en el vestidor y eligió uno de sus trajes grises. Bajó a desayunar, lo mismo de siempre y se preparó para salir.
Ese día le esperaba, también como siempre, una agenda muy apretada. Reuniones, conferencias telefónicas, firmas… Se puede decir que le gustaba esa vida, que le llenaba de orgullo haber llegado a la presidencia de su país y los sacrificios que ello conllevaba no eran nada con el grado de satisfacción personal que le producía.
Se puso la radio, le gustaba enterarse de las noticias antes de salir de casa y aún le quedaban unos minutos. Parece que había perdido la sintonía. Seguramente alguno de sus hijos había trasteado el aparato. Intentó buscar la emisora, pero nada más que ruido salía de aquel aparato. ¿Serán las pilas?
Probó entonces con la televisión, pero tampoco funcionada, nada en ningún canal, tan sólo el símbolo de la cadena sobre el silencio más absoluto. Esto sí que no era normal.
Salió al patio en busca de su coche esperando que su chófer estuviera esperándolo en la puerta como todas las mañanas. El coche estaba, pero el chófer no. Miró a su alrededor en busca de sus escoltas pero tampoco vio a nadie. Esto ya se estaba pareciendo a un mal sueño. Llegó a pellizcarse la cara para saber si estaba despierto o dormido. Entonces, echó mano de su teléfono móvil y llamó a “2”.
-¿Diga?- contestó tras tres tonos de llamada.
-¡Dos, por fin hay alguien ahí, me está pasando una cosa…
-No me digas nada, todo el  mundo ha desaparecido.
-Bueno, no todo el mundo, mis hijos y mi mujer sí están, pero mi chófer, los escoltas, la radio, la tele…
-A mí me ha pasado lo mismo. Mi marido y yo ya sospechábamos de nuestra cordura. Ahora mismo iba a llamar a “3”.
-Por malo que sea lo que pasa, por lo menos no soy el único y si funcionan los teléfonos, también habrá otras cosas que funcionen. ¿Nos reunimos en la sede?
- Yo creo que será mejor que nos reunamos en tu casa dada las circunstancias. Mientras llamaré a los demás y a algún contacto a ver qué pasa-dijo Dos.
-Bien, pues aquí os espero. No tardéis mucho que esta situación me está poniendo muy nervioso.
-Enseguida estoy allí.

Tras colgar, el presidente entró en casa y volvió a intentarlo con la televisión y la radio. Nada. Se sorprendió entonces de que tampoco habían aparecido por allí ni la cocinera, ni la criada, ni el jardinero… todas las mañanas los veía pululando por casa pero hoy no estaban allí. ¡Qué clase de sueño o broma macabra era ésta!
No sabía si despertar a su mujer y a sus hijos, todavía no era la hora de levantarse para ir a colegio.
Al cabo de diez minutos interminables Dos llegó a su casa conduciendo ella misma su coche.
-Veo que tampoco tienes ni coche ni escolta- dijo Uno abriéndole caballerosamente la puerta a Dos.
-Nada respondió ella, ni tampoco chacha ni niñera. Mi marido se ha quedado con los niños. He llamado a Tres y le he dicho que lo vaya pasando para que nos reunamos todos aquí. Lo más abrumador ha sido que no hay nadie por la calle. Todo está cerrado, hasta los bares; no hay coches particulares, ni autobuses, ni taxis, nada.
-¡Pero cómo es posible!¡Qué clase de broma es esta!- exclamó el presidente.
-Presidente, no creo que se trate de ninguna broma. Esto es una realidad. El país está parado.
-¡Pero eso es imposible!¡No se puede paralizar todo en un país! Nada me han dicho los sindicatos de una huelga y además habría servicios mínimos.
-Tres me ha dicho que esta noche se le había puesto el niño con fiebre y había llamado a su pediatra. El hombre al parecer no se encontraba muy bien, así que a través de su mujer le ha preguntado por los síntomas, ha hecho que la propia madre lo auscultase bajo sus indicaciones y le ha recetado un jarabe. Cuando su marido ha salido para buscar la farmacia de guardia, no ha encontrado ninguna abierta, pero había una indicación para un cajero farmacéutico en el cual uno mismo escogía el medicamento de una listas, tecleaba el código numérico, introducía el dinero y salía el medicamento como en una máquina de tabaco. Si el medicamento requería receta, había que pasar por el lector el código de barras, menos mal que para el jarabe no lo necesitaba.
-¡No me lo puedo creer!-dijo el presidente.
-Pues créetelo que es verdad- respondió Dos.
-Entonces, esto es más grabe de lo que creía.
-¿Ha llegado ya tu secretaria?
-¡Ostras no!¿Pero qué demonios está pasando aquí, no hay nadie, no funciona nada?¡Esto no puede estar pasando!

martes, 14 de agosto de 2012

¡FUEGO!


Heráclito de Éfeso fue uno de los llamados filósofos presocráticos. Vivió a caballo entre los siglos VI y V a.C. Como prácticamente todos los filósofos griegos, procedía de familia aristocrática. Suelo decir a mis alumnos que aquellos que no tenían que trabajar para vivir podían dedicarse al noble acto de pensar –nada que ver con los jóvenes ricos actuales-.
Aunque estaba destinado a gobernar por pertenecer a una familia dedicada a la política, Heráclito decidió aislarse del mundo y dedicar su vida al estudio y la meditación. Dicen que era antipático y de carácter huraño y escribía de manera tan enrevesada, algunos autores ven en ello un afán de que sólo los eruditos fueran capaces de descifrar sus teorías, que se ganó el sobrenombre de Heráclito “el oscuro”.
Simplificando su teoría al máximo se puede decir que este autor considera que la realidad vive en un constante devenir o cambio, el cual está provocado por la oposición de contrarios –muchos pensadores y civilizaciones de la época así lo pensaban y no es ridículo decir que esto tiene una base física comprobable-. Por encima de todo ello, había un Logos o Razón que regulaba todo para que el universo pudiera estar en armonía unificando los elementos opuestos.
Llegado a este punto, diré que Heráclito consideraba que este cambio se materializaba en la naturaleza en forma de fuego y en la sociedad en forma de guerra. Y es aquí donde quería llegar.
El fuego todo lo destruye, arrasa todo cuanto encuentra a su paso. Así podemos comprobarlo lamentablemente en los incendios que nos asolan este año en España. Miles de hectáreas arrasadas, gente desplazada, brigadistas, militares, bomberos… arriesgando sus vidas o perdiéndola como ha sucedido. ¿Qué pasa tras el fuego? O ¿qué debería pasar?
Con respecto a lo que pasa algún lector valenciano podría decir que el Consejo ha decidido cambiar la ley de protección de suelos quemados para poder hacer un vertedero en un lugar antes protegido. Qun. ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽rra sin duda regenera porque tras ella hay que empezar de nuevo, sobre todo lo que ha destruido, sobre el dolor del coé oportuno, o no hay mal que por bien no venga, como diría mi abuela.
Lo que debería pasar es la reforestación inmediata, la recuperación y la protección. Deberían corregirse los errores sobre las limpieza de los bosques, el mantenimiento y la construcción de cortafuegos. Aprender y construir. En efecto, todo “renace” de sus cenizas, creo que diría Heráclito.
Con respecto al cambio social, es evidente que las guerras producen desastres incuantificables a pesar de los esfuerzos de la ciencia estadística. La pérdida de vidas humanas tan inútilmente, arrasar campos de cultivos, poblaciones, bosques y naturaleza en general, contaminar su aire y manchar de sangre sus ríos. La guerra sin duda regenera porque tras ella hay que empezar de nuevo sobre todo lo que ha destruido, sobre el dolor del corazón.
Está comprobado que tras una guerra el número de embarazos aumenta considerablemente. ¿Será un instinto?¿Después de tanto horror la gente sigue teniendo ganas de traer hijos al mundo? Pues sí.
Lo que está claro también es que tras la guerra no se supera el dolor ni el rencor, ni siquiera el problema que la provocó. Simplemente un bando demuestra ser más fuerte que otro y el vencido, humillado, calla y acata, pero sigue odiando.
¿Vivimos ahora tiempos de guerra tal y como vaticinan nuestros ancianos? En mi humilde opinión sí. Hay miles de guerras abiertas en este momento en el mundo y que no importan a nadie más que a quién las sufre y a los países del primer mundo que las sostienen.
Y aquí, en el “primer mundo” libramos una guerra económica, porque no hace falta salir fusil en mano para llamarla así. Una oscura capa oscurece nuestra existencia diaria; personas que se sienten desamparadas, personas que pierden todo, desesperación, negación, impotencia… Se trata de una guerra “limpia” pero cuyas armas son tremendas y atacan como siempre al más débil. ¿Quién ganará esta guerra?¿Qué se reconstruirá tras ella ¿Qué supervivientes lo harán?

MI RECONOCIMIENTO A TODAS LAS VÍCTIMAS DE LOS INCENDIOS Y A AQUELLOS QUE TRABAJAN PARA APAGARLOS. TAMBIÉN PARA TODOS LOS DESAMPARADOS POR LAS GUERRAS.

domingo, 5 de agosto de 2012

PROMETHEUS




Apenas se acaba de estrenar en España y ya han corrido ríos de tinta sobre esta película. Viniendo de la mano de Ridley Scott y vendida como la precuela de Alien, del mismo creador, Prometheus era la película más esperada del verano. Sin embargo, ha decepcionado a la mayoría de los espectadores.

Los que nos subimos al carro del director en 1979 con “Alien, el octavo pasajero” y lo seguimos en Blade Runner, otra película de ciencia ficción de culto, no hemos podido evitar las comparaciones.
En el 79’ estaban de moda las películas intergalácticas, dos años antes se había estrenado La guerra de las galaxias y de la misma época “2001 Odisea del espacio” o “Dune”, y niños y jóvenes acudíamos a los cines esperando ver lo último en tecnología e imaginación. No salíamos defraudados de aquellas películas que los actuales jóvenes ya consideran antiguas, faltas de acciaburridas. as. eran antiguas, faltas de acciraciones.
, Prometheus era la pelón y aburridas. No me extraña, porque aquellas películas, aparte de intentar ser un derroche de efectos especiales, sobre todo las de George Luckas, intentaban hacerte pensar, transmitir algo, tenían mensaje.
Eso es lo que se echa en falta en las películas actuales, sobre todo de ciencia ficción y Prometheus no se ha librado de ello.
La película empieza cuando una pareja de arqueólogos descubre la similitud entre pinturas rupestres en cuevas de diferentes continentes y en las que se repite la figura de un supuesto extraterrestre, hombre alto y delgado y nada parecido a la representación que de sí mismo hacían los hombres primitivos, el extraterrestre, digo, apunta con un dedo al cielo señalando cinco esferas.  Los científicos, llevados por el entusiasmo de creer que aquellos seres pueden desvelar la respuesta a la pregunta “¿de dónde venimos?” consiguen convencer a un archimillonario anciano para que construya una nave capaz de llegar hasta las esferas. Y hasta ahí cuento.

Tras ello se siguen escenas mil veces vistas sobre la hibernación y deshibernación, un androide que cuida de los humanos, para mí el mejor de todos pero que no deja de parecerme un guiño a 2001 Odisea del espacio; una Charlize Theron que aún no se había bajado de su personaje de mala de Blancanieves; una tripulación valiente y sacrificada al estilo Armageddon, una Noomi  Rapace cuyo personaje me recuerda al de Jodie Foster en Contact –científica creyente que busca respuestas más allá de Dios aunque se siente culpable por ello-, y otros dos científicos sacados de cualquier serie Disney, payasos, irreverentes y para nada representantes de su profesión.
Decepcionante sin duda, se encarga de que el espectador no se pregunte nada, pues a todo pretende dar respuesta casi sin dar tiempo a plantearse la posibilidad de pensar en ello.

Lo mejor, las imágenes, espectaculares, preciosas, de una gran calidad. Pero nada más, no le hace ni sombra a Alien, lo cual no era deseable pero sí el que estuviera a su altura. Deja claro también que hay, al menos,  segunda parte.
Señor Scott, ¿dónde está ese gran director que ha sido?¿dónde se han metido los guionistas buenos en Hollywood?
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Por cierto para los que se han quedado con ganas de pensar:
La película intenta mostrar las cuestiones que todo humano se hace como de dónde venimos o en afán por la inmortalidad. ¿Qué más preguntas nos hacemos los humanos?
El viejo empresario presenta al androide David como "lo más parecido a un hijo" y dice de él que no tiene alma. Si el alma es la capacidad para pensar, tomar decisiones, etc, está claro que a David no le falta. ¿Qué hechos lo demuestran?
Si el androide piensa, ¿puede también sentir? Recordemos sus gustos por el cine o la satisfacción que demuestra ante el embarazo de la doctora. ¿Es eso sentimiento?
¿Puede el fuego más que una bala?

miércoles, 1 de agosto de 2012

EN ESTOS TIEMPOS CONVULSOS...

conviene recordar ciertas cosas, por eso me ha parecido adecuado incluir en mi blog este poema de Niemöller.

Desde la década de 1980, Niemöller es mejor conocido como autor del poema "Cuando los nazis vinieron por los comunistas, que trata acerca de las consecuencias de no ofrecer resistencia a las tiranías en los primeros intentos de establecerse. El orden exacto de los grupos y las palabras están sujetos a disputa, ya que existen muchas versiones, la mayoría transmitidas oralmente. Niemöller menciona que no se trataba originalmente de un poema, sino del sermón "¿Qué hubiera dicho Jesucristo?", pronunciado en la Semana Santa de 1946 en Kaiserslautern (Renania-Palatinado, 
Alemania). Este poema se atribuye erróneamente, en muchos idiomas, al dramaturgo y poeta alemán Bertolt Brecht.

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.