jueves, 28 de junio de 2012

CIRCO SIN PAN


No lo voy a negar, me siento triste. Tengo la sensación de estar en un país que se hunde literalmente en el barro. Es, como si no tuviera país, como si me hubiera quedado huerfana.
Hemos llegado a un punto en que los políticos no son de confianza y por lo tanto no nos representan. Aparecen por ahí algunas voces acusadoras queriendo devolver la fe pero como que no acaba uno de fiarse mucho. Hasta ahora se ha hecho buena la frase de “sólo hay dos clases de políticos: los que están arriba robando y los que están esperando a llegar para hacerlo”.
No creemos en la justicia, aunque como diría Sócrates, la justicia no es la que actúa mal, sino aquellos que la interpretan o la imparten inadecuadamente. Dejemos pues a la justicia en paz y digamos que no confiamos en el sistema judicial. Aunque se logre condenar a los desfalcadores, el delito de desfalco es muy inferior en pena al de robo, luego las leyes están mal formuladas, hay que cambiarlas para hacer que aquellos que más daño hacen (en cantidad y/o calidad) paguen más. Porque esa es otra. Nuestro sistema penitencario está encarado a la reinserción y no al castigo (ilusos). ¿Todavía seguimos pensando en que la reinserción es posible? Cuando a una persona se la encarcela, por ejemplo por un delito de drogas, se encuentra que en la cárcel hay también drogas, mafias que la controlan, contacta con gente conocida o nueva que luego le promete un trabajito de dinero fácil y cuando sale su realidad sigue siendo la misma. Para conseguir la reinserción es necesaria la reconversión de la persona y este es un proceso que debe contar con la aprobación y deseo del individuo, con una formación adecuada y con un cambio de entorno cuando salga.
No nos fiamos nadie, ni de nuestros jefes, ni de nuestros compañeros, ni de nuestros vecinos... porque el jefe un día te dice muy bien y al otro te tiene que despedir para ahorrarse costes, los compañeros porque se juegan su trabajo como tú y mejor que te echen a ti que a ellos y después lo siento mucho pero si te he visto no me acuerdo (cómo me acuerdo de Bretch, no me muevo hasta que no me toca a mí, el sentido de la solidaridad en el dedo meñique del pie), los vecinos porque siempre te están jodiendo con algo, aunque he de apuntar que yo por lo menos tengo un par de vecinos muy buenos.
Los amigos son los que se quedan contigo cuando no tienes nada que ofrecer. Tengo mucha suerte porque tengo muy buenos amigos, pero ¿cuántos pueden decir lo mismo?
El sistema educativo está hecho una pena. Los alumnos cada vez peor preparados. La explicación no está en que los profesores también están menos preparados, no, hay profesores muy bien preparados y además con vocación. En el fracaso se juntan muchas cosas como el hecho de que los niños lleguen mal educados a los centros en sus costumbres básicas (respeto por el adulto, por favor, gracias, permiso...), que muchos padres no puedan estar con ellos lo que necesitan porque están ocupados y dejen en manos de monitores de actividades extraescolares, canguros, abuelos... un tiempo precioso que no vuelve atrás. Una influencia hipernegativa de los medios audiovisuales y nuevas tecnologías donde se les transmite un modelo de persona triunfadora muy alejado de lo que debería ser, la masificación en las aulas, lo que hace que no se puedan atender las necesidades educativas correctamente. Pero no se preocupen, con los recortes nuestros hijos estarán más hacinados, los maestros sobrecargados, las academias desbordadas y eso si los padres tienen trabajo para pagarlas.
De la sanidad, no sé si hablar, porque aunque en mi opinión es dónde se han cometido más abusos, son miles los usuarios y los profesionales que sí hacen su labor eficazmente y de manera responsable. Si ahora que la gente tiene menos trabajo o gana menos, tiene que empezar a pagar por la sanidad esto será un cataclismo ya que suelen ser los ancianos los que más lo necesitan y viven de una pensión, o los enfermos crónicos en cuyas familias siempre hay un padre o una madre que dejan su trabajo para poder atender al enfermo. Además como decía un periodista el otro día, el copago ya existe, yo pago un porcentaje sobre el valor del medicamento y pago a través de mi nómina un porcentaje a la seguridad social para tener esos servicios. No es algo nuevo. Si además pago mis impuestos, ¿qué es lo que no funciona? Pues que no todos lo hacen ni lo han hecho.
Estos días me he estado fijando en los balcones de las casas. Al contrario que hace dos años cuando el mundial de Sudáfrica, ya no había tantas banderas españolas colgadas. Falta de afición. No creo. Más bien mucho de desengaño, de descreencia, de desilusión. ¿Por la selección? No, no es tanto por eso. Por el país. Y ahí duele.
Así que anoche, acepte “circo” como animal de compañía, saqué las papas y la cerveza, critiqué a del Bosque como buena española, dirigí el partido, maldije a los portugueses, especialmente a Ronaldo, y cuando ganamos lo puse en el facebook y en el twitter y acabé colgando la bandera del balcón (además es la única ocasión en que se puede colgar o decir ¡viva España! Porque si no hay partido y lo dices es que eres facha). Me pase 3 horas sin pensar en la hipoteca, en el trabajo, en el futuro de misa hijas, en las facturas...como intenta vendernos el hipócrita anuncio de Coca-Cola, aunque hoy haya vuelto a la realidad y siga andando apátrida y huérfana por la casa.

domingo, 17 de junio de 2012

LA FELICIDAD ES UNA ACTITUD


Hace años que le vengo dando vueltas al tema de la felicidad. Ha sido una constante en mi vida. Muchas veces me he sorprendido melancólica preguntándome ¿por qué no soy feliz? Al principio logré echarle la culpa a la sensación de soledad, debida seguramente a la falta de hermanos y de niños a mi alrededor. Pero de ello creo que saqué el beneficio de crearme un riquísimo mundo interior. Era capaz de pasar horas leyendo, luego escribiendo y eso me satisfacía enormemente.
En la adolescencia la infelicidad volvió al ataque pero también llegué a la conclusión de que era normal dado que estaba pasando por “el pavo” y no me aguantaba ni yo. Lloras por todo, te ríes por todo, te pones nerviosa, te llenas de inseguridades, tienes tus primeras ilusiones y desilusiones amorosas... ¿cómo te va a durar la felicidad mucho tiempo?
En mi juventud creo que fui bastante feliz, ya sabemos, la época universitaria, el conocer a los amigos que seguirán contigo ya toda tu vida, o esa suerte he tenido yo, más los que conservas de la infancia, las salidas nocturnas, los estudios, el sentirte sobre todo independiente. Porque sí, me sentía independiente a pesar de vivir en mi casa. En ella yo tenía mi propio espacio, mi habitación y el comedor que sólo usaba yo porque teníamos salita. Mi habitación era la parte íntima y el comedor era el sitio donde daba mis clases y me sacaba un dinerillo que me permitía no tener que pedir para mis gastos.
Los que me hicieron sombra fueron mis fracasos amorosos. Y es que me enamoraba mucho y muy en serio. Sí que tonteaba con algún chico de vez en cuando, cosa que satisfacía mi ego al sentirme gustada, pero si me decidía a salir con alguno, lo hacía de verdad. Por eso cuando mis relaciones se iban al traste después de dos años, o de año y medio... me quedaba tremendamente frustrada y dolida, como a todos supongo les ha pasado, y la ruptura siempre venía precedida del sentimiento de infelicidad.
Con el tiempo y la madurez que te da la vida he llegado a la conclusión, y me ha costado mucho debo ser algo zopenca, de que el estado de felicidad es muy frágil, son apenas momentos, por eso son tan preciados, a veces duran segundos, a veces horas, pero es imposible alargarlos más allá.
Para ser feliz tener otras personas con las que compartir es muy necesario y gratificante, pero lo que te hace ser feliz es tu disposición a serlo. No hay felicidad si te quedas esperando a que alguien te la proporcione, sobre todo porque ese alguien puede que no siempre esté contigo y, lo que es más importante, tampoco está siempre dispuesto a ser el payaso de circo que mantenga tu sonrisa en la cara. El otro, los otros, también necesitan sus momentos de felicidad, contigo o con los demás.
Así pues, concluyo que la felicidad es ante todo una actitud en la vida, una forma de ver el mundo e interpretarlo. Nada te hará feliz si no estás dispuesto serlo, ni el dinero, ni el amor, ni las cosas materiales. Ni la misma naturaleza con su inmensa belleza te dará la felicidad si no logras abrir tus ojos y tu corazón. Ser feliz es posible, pero no permanentemente, si no, no sería felicidad, sería rutina. 

viernes, 25 de mayo de 2012

CRISIS, ROBOS Y OTRAS COSAS DEL PERDER




Aunque un poco hartos ya de escuchar sobre la crisis, es inevitable porque la tenemos literalmente encima. Se siente, se palpa, te aplasta, te ahoga.
Analizando el tema hice un breve recorrido sobre la multitud de cosas de las que se está hablando ahora como provocadoras de la crisis. Ante el hecho de que se dé en todos los países occidentales se me ocurre que lo que ha fallado es el sistema económico: el capitalismo. Yo, que no soy economista más que a nivel de usuaria, me atrevo a opinar que el capitalismo es un sistema que se agota en sí mismo. Empieza bien, crece, se reproduce y se asfixia, y con él a todos los que vivimos dentro. Creo que ahora estamos en ese punto, el de la asfixia. Está claro que la culpa de ese agotamiento la tenemos todos en alguna que otra medida, es decir, tanto los que gobiernan como los gobernados. En los años de bonanza se nos hizo creer al populacho que podíamos ser ricos y llevar vida de tales. Esa época en las que un albañil ganaba más que un médico y que impulsó a más de uno a lanzarse al consumo de manera desorbitada: mi casa + el chalet y/o el apartamento en la playa + dos coches +vacaciones para todos a los sitios que nunca pude ir + salidas a comer, cenar, copas... Y siendo poco provisores cual cigarras, nos pilló el invierno lleno de deudas que no podíamos asumir. Ese fue un fallo garrafal del cual somos culpables todos los que hicimos algo parecido sin pensar en el mañana como hacían nuestros padres y abuelos. Esa burbuja no podía durar mucho, todas se inflan, suben y explotan.
En este país además, que está lleno de pillos, el sistema favorece el engaño y las trampas. Se ha abusado terriblemente de aquello que se nos ofrecía como si nunca tuviera fin. Ejemplos: estoy en el paro y no busco trabajo hasta que esté a punto de acabarse porque mientras vivo bien y hago chapuzas. No aguanto a mi jefe o a mi compañero de trabajo y me doy de baja y yo ricamente a cobrar mientras los otros siguen contribuyendo y pagando mi ausencia, médicos que dejan quirófanos vacíos por las mañanas y operan sólo de tarde porque cobran más o que meten por la seguridad social a amigos/as para hacerles una operación estética que no cabría de ninguna manera en la lista de operaciones necesarias. Personas que sacan recetas sin necesitarlas causando un gasto farmacéutico tremendo... Y a nivel político ya qué decir: endeudo mi municipio hasta más allá para quedar como un rey/reina haciendo obras faraónicas imposibles de sostener o amortizar, pringar además a proveedores que tardarán años en cobrar y quién sabe si la totalidad o los intereses de demora. ¿Para qué seguir?
Pero de todas las trampas y el pillaje también el gobierno es responsable. Hemos pasado por gobernantes nefastos que para nada servían de buen ejemplo, sino de todo lo contrario. El estado tiene mecanismos para detectar, para legislar, para corregir.
Si en un momento dado el ciudadano es incapaz de cumplir con las normas, el estado debe actuar y recordarle que vivimos en un estado de derecho sí, pero bajo unas normas consensuadas.
Pero claro, parece que si el estado actúa con el peso de la ley va en contra del pueblo y nos alzamos llamándolos fascistas y autoritarios. Ojo, que no soy partidaria de la violencia en absoluto ni del uso de la fuerza, y está claro que en algunos sitios se ha actuado de forma indiscriminada y alevosa contra manifestantes que se han visto envueltos entre los que siempre van a provocar y a reventar una protesta organizada y pacífica. No se puede ir por ahí quemando contenedores u otro material urbano que pagamos todos con nuestros impuestos, ni rompiendo los escaparates de las tiendas que ya están bastante apretadas o quemando los coches que nos topemos por delante cuando a lo mejor pertenece a una familia que lo necesita. Y aunque no lo necesitara. ¡Eso no se hace, caca! Hay una frase que me viene al pelo: quién tiene que utilizar la fuerza bruta es que no sabe hacerlo con palabras. Mala propaganda nos hacen los exacerbados con sus actuaciones.

Lo que ha pasado en este país con los bancos y al parecer en muchos más de otros países, ha sido de vergüenza. El rescate que se plantea para ellos lo es más. Los bancos son un negocio y si no saben llevarlo, quiebran como cualquier empresa. ¿Acaso el gobierno piensa rescatar a todos los negocios que se están hundiendo o se han hundido ya?
Lo que está pasando en este país con los chorizos de alto rango también es de vergüenza, porque a ellos no les mueve la necesidad sino la avaricia. Millones y millones “perdidos”, malgastados o en las manos de codiciosos que se han sentido por encima del bien y del mal. Los juicios que ya se han llevado a cabo y de los cuáles van saliendo indemnes consiguen que el ciudadano no tenga ninguna confianza en la ley. Todos creemos saber que nada les pasará o será mínimo y seguirán con sus millones robados y sus pensiones vitalicias de lujo.

Mientras las filas de parados se alargan, mientras las cifras de los niños que viven bajo el umbral de la pobreza crece, mientras las reformas laborales llevan al despido en lugar de fomentar el empleo, tenemos que tragar para no dejar de ser Europa.
¿Alguno de los cabezas pensantes que piensan que esto únicamente se resuelve apretando y asfixiando a las bases no se le ha ocurrido que habría tal vez que habría que cambiar el sistema en que vivimos? Y no, no estoy pensando en el comunismo ni mucho menos. Es totalmente inviable y sólo aplicable a pequeñas comunidades. Y la anarquía demuestra que los hombres, aunque racionales, son incapaces de actuar con racionalidad.
¿Es que no hay otra forma de salir de este agujero? Muchos economistas dicen que sí, que hay otras formas, pues quiero oírlas, por favor, y pronto.

jueves, 26 de abril de 2012

SOBRE LA CONVENIENCIA DE LAS MANIFESTACIONES Y LAS HUELGAS


Supongo que a estas alturas nadie duda que las movilizaciones son necesarias para hacer llegar a los oídos del gobierno que no estamos de acuerdo con las medidas tomadas para salir de la crisis.
También, que somos conscientes en mayoría, que eran necesarios ajustes en el sistema de financiación que hemos tenido hasta ahora.
Ahora bien, no parece que las medidas restrictivas vayan a ser las más efectivas. El pueblo necesita saber que aparte de ellos hay alguien más ahí arriba que se sacrifica. Si hemos llegado a este grado de endeudamiento es porque algunos han hecho mal sus deberes, muchos se han aprovechado de sus cargos para enriquecerse vaciando las arcas en lugar de llenarlas para tiempos peores. Ejemplo, señores, ejemplo.
Al pueblo nos da la impresión de que estamos pagando por algo que no hemos provocado, pagamos por lo que los bancos han hecho mal, por lo que los malos gobiernos han dejado hacer, pagamos porque nos vendieron que todos teníamos derecho a llevar una vida de ricos.
En las épocas de bonanza, un trabajador del andamio ganaba más que un maestro, más que un policía. Se les daba en función de esos ingresos préstamos elevadísimos a pagar en 30 años y nadie les dijo “eso no se hace”, ahorra para el futuro que esto se acabará un buen día. Eso lo debía saber el trabajador, pensar con la cabeza y no con las manos. Gastarse sus buenos sueldos en coches, casas, viajes, salidas, que en otro momento nunca se hubieran podido permitir. Eso es lo que se nos vendió y pocos fueron los que, siendo conscientes de que eso era una ensoñación, guardaron para el futuro y se moderaron en sus gastos y sueños.
¿Somos culpables? En gran parte sí. Era demasiado tentador caer en la trampa. Y también somos culpables de todos y cada uno de los gobiernos que hemos tenido, puesto que nosotros los hemos elegido.
Las personas, los millones de personas que votaron al partido popular, ¿creían de verdad que el gobierno que formaran nos sacaría de la crisis sin hacer “pupa” al populacho? ¿Qué alternativa buena y creíble de izquierdas teníamos?
Ahora toca quejarse.
A mí los sindicatos mayoritarios no me representan. Me niego a seguirles el juego ya que cuando los necesité no me ayudaron, cuando hablé no me escucharon. Son los mismos que sólo hacen huelga a conveniencia, los que aparecen en la cabecera de las manifestaciones, los mismos que luego estrechan la mano que primero mordieron a cambio de unas migajas. Se les ha retirado gran parte de la financiación, por eso se quejan, pero hace años que no pisan una fábrica, un ambulatorio, una escuela. ¡Qué sabrán ellos del día a día! No serán ellos lo que se dejen los días de sueldo si no trabajan y encima engordemos las arcas de las Consejerías, Gobiernos o empresarios.
Y realmente, ¿alguien cree que cambiarán las cosas porque salgamos a la calle? ¿Acaso el gobierno no ha advertido ya que sí o sí a las medidas de ajuste? ¿No ha dejado claro Bruselas que ahora estamos en el buen camino? Claro, en las grandes potencias europeas los trabajadores ganan más y están mejor considerados, tienen también buenas prestaciones -como Francia en materia de educación-. Yo no he visto huelgas en Alemania, será porque los alemanes no han sentido tanto la crisis o están preparados para sobrellevarla mejor.


Según la página www.mitecnologico.com hay diferentes tipos de huelgas, a saber:

Huelga laboral: es la que tiene lugar por causas derivadas de la propia relación de trabajo.
Huelga extralaboral: es la que se lleva a cabo por motivos políticos o con cualquier otra finalidad ajena al interés profesional de los trabajadores afectados.
Huelga de solidaridad o simpatía: los trabajadores defienden un interés ajeno a su relación contractual, actuando sin embargo en apoyo de otros trabajadores en conflicto, con los que se solidarizan.
a. Según el comportamiento que se lleve a cabo en la huelga: cabe distinguir:
Huelga turnante o rotatoria: es la que realizan de modo sucesivo en las distintas unidades productivas de una empresa o centro de trabajo, o sectores de la actividad económica en un ámbito geográfico determinado, alterándose sucesivamente en la cesación, en el trabajo con la finalidad de afectar a la coordinación de la producción.
Huelga estratégica, tapón o trombosis: es aquella que afecta tan sólo de modo directo a la actividad productiva básica de la empresa, o a los sectores estratégicos del sistema económico, pero que comunica sus efectos en cadena a los demás ámbitos, consiguiendo la paralización de todo el proceso productivo.
Huelga de celo o reglamento, consiste en una ejecución minuciosa y reglamentaria del trabajo, con el consiguiente retraso en el mismo.
Huelga intermitente: son aquellas en la que se alterna momento de normalidad laboral y de cesación del trabajo. posee una tipología bastante variada: alternancia de horas de trabajo y huelga a lo largo del día, de días de trabajo y huelga a lo largo de la semana o períodos más amplios.
Huelga de brazos caídos: o huelga a pie de fábrica, en las que los trabajadores no abandona las instalaciones de la empresa, se establecen turno de relevo para ocuparla permanentemente.
Huelga escalonada cuando las actividades productivas son paralizadas progresivamente, unas después de otras.
Huelga general: la que se plantea simultáneamente en todos los oficios de una o varias localidades.

Yo más que de huelgas generales soy de huelga de brazos caídos. Como profesora que soy me decanto más por paralizar el sistema porque creo que es la única manera de hacer ver al gobierno, en el caso de los centros públicos, lo necesarios que somos. Considero que la medida más eficaz sería no evaluar a los alumnos. No se trata de no darles clase, cosa que les perjudicaría seriamente, pero no poner notas. Si no hay notas, es sistema se paraliza porque ¿qué alumnos pasan de curso y quiénes no? No hay selectividad, no hay matriculaciones en las universidades, ni en Ciclos...
Huelga de brazos caídos. Si piensan que no somos necesarios, pues que vean que sí lo somos.
Pueden llamarme radical si lo desean, pero creo que la efectividad de una protesta se mide por el resultado que provoca. ¿A la calle? ¡Vale! Pero eso no les va hacer cambiar de opinión.

domingo, 15 de abril de 2012

Y MÁS REY




Yo no soy monárquica. Como aficionada a la historia que soy y sobre todo a la historia de España, es fácil adivinar porqué. Lamentablemente, los monarcas que hemos tenido han sido en su mayoría un lastre para el desarrollo de este país. Hemos tenido todo un variopinto abanico de estilos: absolutistas, fanáticos, locos, despreocupados, desinteresados, inútiles... Así pues, creo que puede comprenderse porqué en España hay bastante republicanismo.
Sin embargo, no es que podamos estar orgullosos de nuestras dos repúblicas, pues ambas fueron un desastre del 7 y no hubo manera de salir adelante con ellas.
Yo no soy monárquica pero me consideraba “juancarlista”, y creo que muchos españoles también lo son o lo eran, personas que también piensan que la monarquía no pero Don Juan Carlos sí.
Es fácil comprender porqué una persona es “juancarlista”. Al rey le debemos una transición imperiosamente necesaria y que tal vez sin su figura no se hubiera producido, al menos de esa manera. Había mucho que arreglar, mucho que cambiar y hacerlo de una manera civilizada era harto difícil. Sin embargo, lo conseguimos.
Lo de la detención del 23F también tiene su mérito y no es chico. El rey supo elegir el equipo ganador, y eso que le ofrecieron ser el nuevo Franco.
Durante años nos ha representado en el extranjero y dado una imagen de España más abierta, moderna. Ha intervenido en muchas negociaciones difíciles y ha “luchado” por este país.
Muchos de nosotros admirábamos su cercanía, su imagen paternal y protectora cuando ha tenido que acudir a los cientos de entierros de víctimas de accidentes, terrorismo, guerra.
Sabemos que es un “poco sinvergüenza”, pero el carácter español es consentidor de ciertas actividades, sobre todo masculinas. Y los hombres decían “qué tío” y las mujeres, “si es que es igual que el abuelo” también en tono maternal.
Mucho dijeron “pobre Sofía, pobre reina, las ha tenido que aguantar gordas” y admiraban a la reina como mujer discreta y abnegada de la que poco se sabía hasta que empezaron a salir biografías conmemorativas de sus 50 años, de sus 60 y que le han hecho flaco favor. Esa gran desconocida mujer de fuerte carácter creo que sí tenía, porque lo había vivido, la experiencia de la monarquía y también el rechazo de la misma en su país.
En los últimos tiempos, años ya, la figura del rey se ha ido deteriorando. Empezó a ser el blanco de chistes fáciles, sus despistes y su artrosis lo convirtieron en un humano enfermo. Las hijas le han salido rana. Y el príncipe, en fin, lo de Leticia arrancó una disparidad de opiniones. Muy bien que se casara con una plebeya, pero justo con una republicana, divorciada, atea, dicen que también a favor del aborto, cuentan de sus aventuras y de su adolescencia precoz... Que todo eso es estupendo para una joven de vida privada, pero no encaja en una que aspira a ser princesa y luego reina.
Eso es lo que tiene ser un modelo, una imagen, una representación, que lo que representa está y debe estar por encima de tus deseos.
El rey se fue a cazar elefantes a África. ¡Vaya! Es fácil matar a un elefante. Son animales grandes, muy grandes, con una cabeza enorme donde apuntar y acertar y que no suelen salir corriendo a no ser que les persigan depredadores no humanos. ¡Qué lástima!
No sé si es que el Rey dijo: ¡de perdidos al río! Lo que sí sé es que se ha cazado a sí mismo. Pero con su caída caen las demás fichas del ajedrez. Derrotado el rey, partida perdida.
A mí se me ha caído el “juancarlismo”, lo menos de un 5º piso. Pero sigo pensando que los españoles necesitamos más educación, más voluntad, más sentido de la responsabilidad, más hacer para el país que para mi bolsillo... Y vista la cantera política, ¿quién confía en el buen resultado de una República? 

* imagen de la página cucaluna.

sábado, 14 de abril de 2012

“LA MONARQUÍA SE CAE”


El título de este artículo no es que esté mal escrito, sino que he intentado hacer un juego de palabras. Ya sé que es el monarca y no la monarquía el que se ha caido y roto la cadera por tres sitios, aunque dicen que primero te rompes y luego te caes.
Que se cayó en Botsuana durante un viaje privado, me preguntaba qué narices haría en Botsuana. Ahora ya lo sé, ya se ha filtrado. El hombre estaba nada más y nada menos que cazando elefantes. ¿Pero es que ya se han desmelado del todo y se han decidido a cabar su propia tumba? ¡Es ya no hacen ni una bien! Muy mal lo de cazar elefantes, y fatal en estas circunstancias de crisis económica irse de safari. En eso invertimos nuestro dinero los españoles, será el pensamiento que tengamos muchos.
Y tan tranquilo sin ir a ver al nieto, como se quejan las mujeres de mi pueblo.
Primero, Felipe niño, al que la prensa gusta de llamar Froilan supongo que porque le da un tono un tanto ridículo, perdón por los Froilanes del mundo -que se sepa además que ese nombre le fue impuesto al ser los padres Duques de Lugo y ser éste el santo patrón-, digo, primero al chaval se le dispara la escopeta y cuando estaba con su padre y le deja el pie agujereado y ahora el abuelo vuelve a caerse.
De lo del niño he de decir que he leido barbaridades estos días como por ejemplo “qué lástima que no se lo haya dado en la cabeza y así un Borbón menos”. Vamos a ver, no seamos bestias. Borbón o no, es un niño. Nadie debe alegrarse de una cosa así.
Después de la irresponsabilidad del padre al permitirle usar una escopeta no autorizada para su edad. Pero no pongamos el grito en el cielo, en los pueblos por lo menos, siempre hay cazadores, y se sabe que de siempre los padres y abuelos han instruido a sus hijos y nietos en el uso de la escopeta. Que no esté permitido no significa que no sea casi una “tradición familiar” y tampoco exculpa de culpa al padre.
Cuántos han hecho el chiste fácil con aquello de que los Borbones y las armas no se llevan bien, sacando de nuevo a colación el fatal accidente del rey Juan Carlos cuando disparó a su hermano con resultado de muerte. Yo creo que eso no se supera nunca y que tampoco está bien que hagamos chistes con episodios de este tipo.
Pero es verdad que en estos últimos tiempos parece que la familia real está en una isla rodeada de cocodrilos. El desfalco de Urdangarin ha acabado de rematar la animadversión de muchos hacia la monarquía y no es para menos. Lo que ha hecho ese hombre y su esposa tiene un nombre, pero va más allá de la estafa, el robo o el desfalco, ha atentado directamente contra la imagen y credibilidad de la casa real y como no, de nuestro país.
Que el asunto lo sabía el rey y por eso la pareja se fue a Estado Unidos, no creo que nadie lo dude. Que este tipo se irá de rositas y que ella no pisará ni el juzgado, también lo creemos.
Pues miren, en este caos pienso que Urdangarin debería ser juzgado no sólo por sus delitos económicos sino por “atentar contra la institución monárquica y la imagen de España” igual que se les atribuyó en su día a radicales que lo proclamaban a voz en grito en sus mítines. Creo que debe acabar con sus huesos en la cárcel y que la señora debe ser condenada a devolver el dinero aunque para eso tenga que vender todos sus bienes e hipotecarse de por vida. Por supuesto nada de representación ni de vida pública, ella se lo ha buscado. Y además voy a añadir que el rey no debería usar sus influencias para que esto no se produzca, sino todo lo contrario. Urdangarin debe caer con todo el equipo y ser un ejemplo. Y es necesario porque los ciudadanos ya no creemos en nuestras instituciones ni judiciales ni políticas y necesitamos creer en algo.
En estos tiempos de crisis no podemos consentir que esto pase. Nos sentimos engañados, burlados, abandonados, estafados... No me extraña que se reclame la instauración de una nueva República.
Pero con todo el dolor he de decir que aunque pienso que la democracia, como decía Lincon es el menos malo de los sistemas y la República la mejor forma de gobierno, mucho me temo que los españoles seguimos sin estar preparados para ello y a la mínima la volveríamos a armar. Es sólo una impresión.

miércoles, 11 de abril de 2012

UN EXAMEN “A LO PEDROSA”

No les vendrá de sorpresa lo que le ha pasado al joven piloto de motos Dani Pedrosa. Por si hay algún despistado, les informo que según diversos diarios de tirada provincial y nacional, hace unos días el chaval fue pillado “in fraganti” haciendo un examen para obtener el título de Patrón de Embarcación de Recreo (PER) pero con pinganillo incluido y desde el cual le iban dictando las respuestas. Trampa, trampa. Bueno, eso en realidad se llama estafa, ¿a quién? pues a la Administración, porque el chico pretendía obtener un título sin merecerlo, sin pegar ni chapa, con chuletas de las finas, de las que cuestan una pasta y no como mis alumnos con sus papelitos tan enrollados y con la letra tan pequeña que se dejan los ojos -incautos, se piensan que no lo sé, pero antes de cocinera fui monja-. Un título del que luego haría uso. Y digo yo, si tienes dinero criatura, ¿no sería mejor que contratases un profesional para el barquito y tú nada más te encargaras de tomar el sol en cubierta con tu chica?

Lo que me da un tanto de pena es que este chico ya no va a ser recordado por sus logros como deportista, como campeón del mundo, ni como lo mucho que le queda por conseguir, sino por lo que ha hecho mal y lo ha puesto en las portadas sin ser un premio y ya es pasto de los chistes y chascarrillos de los bares.

Dani Pedrosa acaba de inaugurar una frase para la posteridad: “a lo Pedrosa” : dícese de aquella actividad que se realiza de forma tramposa o ilícita. Y estará a la altura de "despedirse a la francesa”, “hacerse el sueco” y otras parecidas.

Y no, no es que lo diga yo y le ponga mala leche, es que hoy mismo en el titular de una noticia decía que se había detenido a tres individuos en Ibiza por estar haciendo un examen “a lo Pedrosa”. Qué difícil es mantener el honor y qué fácil perderlo.